Comité Editorial

29 de octubre de 2014

El lugar al que no se vuelve: entrevista a Luis Felipe Lomelí

Luis Felipe Lomelí
Por Roberto Abad

Cuando toca hablar de escritura brevísima, enseguida saltan nombres que son referentes en la literatura universal. Sin embargo, para algunos lectores, autores y críticos mucho de lo que se considera breve, como la minificción –en la que, según la definición de Lauro Zavala, se inscriben la greguería, el periquete, el aforismo, el haikú y toda aquella narrativa que se escriba en menos de una cuartilla–, se piensa más como un divertimento que como un género literario. Sobre todo si nace en un medio virtual, donde parece haber menos rigurosidad en lo que se publica, o al menos eso es lo que he escuchado. Sacar conclusiones es difícil. Bajo este criterio, pareciera que la calidad de los textos cortos depende del medio de su publicación. Sin embargo, no hay que ir muy lejos para ampliar el análisis de esta temática. El mexicano Luis Felipe Lomelí escribió "El emigrante"*, un cuento brevísimo que le llevó un lustro concluirlo y que, cuando al fin salió a la luz, colocó a su autor en uno de los lugares privilegiados de la brevedad, al menos, en México, a pesar de que no se dedicara a escribir minificción. Es un caso extraño, pero no gratuito. La precisión de la historia y la forma en que presenta al lector esa infinidad de posibilidades que suele traer consigo la ficción súbita, son la causa. Inesperadamente, platiqué con él sobre este tema y resultó un interesante diálogo. Aquí presento, un poco más en forma, nuestra plática, aunque, eso sí, breve:

RA: Disculpa que comience con esto, pero, ¿tiene cierto peso haber relevado a Monterroso como el autor del cuento más breve en español?
LFL: Monterroso es el gran maestro de la ficción breve en español, seguido de Juan José Arreola. Pienso, por ejemplo, en el cuento de "La oveja negra" que, trágicamente, resume la suerte de (casi) todas las revueltas populares a lo largo de la historia en todo el mundo. O en el "Cuento de horror" de Arreola como millones de historias de amor no correspondido. Tal vez mi lectura esté errada, pero concibo el cuento breve de esta forma: como una condensación, como un destilar una historia de historias. Sin embargo, cuando escribí "El emigrante" no pensaba ni en Arreola ni en Monterroso, pensaba en mi propia experiencia de migraciones desde la infancia, en la tragedia de todas las migraciones humanas: la memoria. Así, un cuento breve es pretencioso por naturaleza, porque busca dialogar con toda la humanidad, en todos los tiempos.
             Cuando me di cuenta de que era más corto que "El dinosaurio", ya estaba publicado. Por descontado, a mí me gustaría que el texto tuviera peso por lo que comunica, por el diálogo que genera. Aunque, si el hecho de que sea “el más corto en español” le sirve para que sea leído y reproducido por más gente, tanto mejor.

RA: Tardaste cinco años en concretar "El emigrante", un cuento que no tiene más de cuatro palabras, ¿por qué?
LFL: Escribía y reescribía el cuento. Se volvía más largo y más corto. Quería contar lo que digo en la respuesta anterior: la tragedia de dejar la tierra en la que has vivido. Y el problema que me encontraba con todas las versiones era que terminaban siendo muy particulares. De hecho, yo quería intitularlo “el migrante” puesto que, aunque la palabra sólo existe gracias a Vicente Fox, en ésta la percepción del sujeto no depende de la gente de su entorno: puede ser el que llega o el que se va. Cuando mi editora en Tusquets me hizo ver que la palabra no existía, entre “inmigrante” y “emigrante” opté por “emigrante” debido a que ahí la condición del sujeto depende de sí mismo y de los paisajes, recuerdos y seres queridos que dejó y no, como en “inmigrante”, de la percepción de los que reciben al sujeto como un extraño.


RA: ¿Cómo se te ocurrió la idea de ese texto?
LFL: Debido a mis propias migraciones. Y, por supuesto, a esos maravillosos letreros de autobuses y aviones que le preguntan a uno al bajar “¿Olvida usted algo?”

RA: ¿Por qué ya no escribiste más cuentos brevísimos después?
LFL: Por esto que concibo de la ficción breve y su pretensión de universalidad. De otro modo, creo que el cuento breve es como el haikú y busca condensar la maravilla del instante y la eternidad en unas cuantas palabras. Y, como dicen los haikuistas, uno sólo escribe uno o dos haikús en toda su vida.
              Esto, por supuesto, sin escatimar otro tipo de ficción breve que no tiene la finalidad descrita sino la de ir sumando instantes en un universo particular, como en las series de Alberto Chimal, Ana María Shua o José Luis Zárate.
             Hay un mito que me llama la atención, no sé dónde lo escuché, pero dice que algunos escritores, cuando escriben cuento, descansan, de algún modo, la pluma, como si para lograr el género se requiriera de menor rigor, ¿qué piensas de eso?
             Cada página, independientemente del género, creo yo que debe de requerir el mismo esfuerzo. Y en mi caso así es. No creo en aquellos que dicen que en la novela hay oportunidad de escribir párrafos o páginas “de relleno” ni tampoco en quienes dicen que el cuento es “arte menor” (aunque ésta sea la creencia en el mundo anglosajón).
            Lo que sí sucede, y tal vez a esto se refieran, es que a veces uno necesita escribir, tal vez no para descansar la pluma sino como calentamiento. Y, en estos casos, por mera economía de extensión, lo que uno hace es escribir cuentos.

RA: ¿Existe, entre tus carpetas virtuales, un deshuesadero de cuentos? ¿Qué tipo de historias lo habitan y por qué no vieron la luz?
LFL: Por supuesto. Siempre hay un montón de historias que no llegan a publicarse porque no alcanzan la calidad que uno busca o, como dice García Márquez, “no fraguan”. A veces uno se da cuenta de que fueron experimentos o ensayos de una idea y que sólo sirvieron para que uno se diera cuenta de que tenía que exponer dicha idea de otra forma.
           Sobre los tipos de historias, hay de todo. Aunque obviamente son más numerosas las que tienen que ver con los temas que se convierten en nuestras obsesiones.

RA: Hablando de obsesiones, un tema que conecta tu obra son los viajes o, mejor dicho, el movimiento, ¿cómo interviene este tema al momento de escribir? ¿Tiene un origen en particular?
LFL: La respuesta sería en dos sentidos. Por un lado, tiene que ver con mi propia historia de vida y sus migraciones. Por otro, porque el viaje, o su idea, me parece fascinante. Es, de algún modo, una suerte de tiempo suspendido en donde uno tiene oportunidad de pensar con más cautela, de comparar y, entonces, así como se descubre lo nuevo en otro territorio también se redescubre lo que se tenía.

RA: ¿A qué se debe que el resto de tu obra sea de “largo aliento”? ¿Te es más fácil escribir textos extensos?
LFL: No sé si sea más fácil. Creo que cada historia tiene su extensión precisa. Mejor dicho, cada idea se desarrolla dentro de una historia como se tiene que desarrollar. A veces se requieren más páginas para que la idea sea patente y no suene a una puntada o, también, para que la idea se sienta. Por ejemplo, la palabra “muerte” resume la idea de muerte sin embargo, para asir la idea, hay que sentirla y para eso sí se requieren varias páginas.

RA: Volviendo al inicio: hay lectores que cuando se topan con algo tan breve, como "El emigrante", creen que les están tomando el pelo, que eso no es literario. Ese cuento, por ejemplo, cabe en un tweet, por tanto si se hubiera publicado en Twitter sería considerado "twitteratura" y tal vez hubiera pasado desapercibido, no sé. Pero se dio a conocer en papel y por ende adquirió otro tipo de seriedad, lo que me hace pensar que el medio de publicación es de suma importancia para algunos lectores, a veces más que el contenido del escrito, ¿qué opinas? ¿Hay literatura en las redes sociales?
LFL: Por lo general, el medio determina el género y los nuevos géneros son denostados. Ha sucedido así con el teatro, la novela y el cuento. Luego el público comienza a encontrarles la valía. Sin embargo, a diferencia de esa fe maravillosa de modernistas y vanguardistas en la “novedad”, tampoco creo en el extremo opuesto: ni todo lo que se hace en una forma vieja es bueno por hacerse de esa manera ni todo lo que se hace de forma novedosa es bueno por su novedad. No creo en un culto a la novedad. Y así como no todas las representaciones dramáticas que se hicieron en los atrios de las iglesias hace siglos fueron consideradas literatura (ni todas las historias, breves o seriadas, que aparecieron en los periódicos o, antes, con la imprenta de tipos fijos o móviles) no todo lo que se venda como tuitliteratura será literatura. Habrá varias que sí, algunas como aforismos y otras como un género distinto, pero muchas no pasarán de ser una puntada o un muy buen chiste (de hecho, ésta es una pregunta harto relevante, pues hay varios chistes de “Pepito” que son mejores microcuentos que muchos textos escritos con la intención de ser “microcuentos”).

RA: Pongámonos serios. Según tu experiencia, ¿cómo se escribe una minificción o microrrelato?
LFL: Debido a que, desde mi perspectiva, un microrrelato pretende condensar un instante que, a la vez, sea eterno, como en el haikú, un microrrelato requiere harto tiempo de meditación: de pensar una y otra vez sobre un tema para tratar de encontrarle la médula, primero y; luego, tratar de traducirla en palabras de la mejor manera posible.
           Por supuesto, también hay excelentes microrrelatos que pueden aparecer casi como escritura automática, sinquererqueriendo. En este caso la labor consiste en poder identificarlos.

RA: Para terminar con esta especie de confesionario, una pregunta que me hecho desde que te leí por primera vez: ese hombre, el emigrante, ¿regresará algún día a su tierra?
LFL: No. Por desgracia tenía razón Heráclito, uno jamás vuelve al lugar que dejó: ese lugar siempre es otro, ese lugar ha desaparecido y sólo habita en la memoria.

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Roberto Abad (1988, Cuernavaca) escribe, lee y hace música. Estudió educación en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Fue incluido en la antología Alebrije de Palabras. Escritores Mexicanos en Breve (BUAP, 2013) y en Los regresos de Zapata (Cimandia, 2014). Ha publicado en diversos medios impresos y virtuales. Recientemente, algunos de sus cuentos microrrelatos fueron traducidos al francés en la antología Lectures d'ailleurs, y al portugués en la revista Samizdat.

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