Comité Editorial

10 de octubre de 2014

Proceso creativo de Rubén Pesquera Roa

¿El proceso creativo? Interesante, porque creo que la minificción sale a la primera, el resto son detalles, aunque estos detalles minúsculos impliquen la reescritura total del texto.  A mí se me ocurren las minis en el transporte público o en el coche, en esa duermevela cuando me acuesto o en la cola del banco, y también se me ocurren cuando estoy con otras personas —lo que considero menos nocivo que estar pegado al teléfono celular. La minificción tiene vida propia mucho antes de ser plasmada en el medio correspondiente.
Decía Borges que toda biblioteca es un proyecto de lectura, y no hay gran lector que no posea más libros de los que va a alcanzar a leer en una sola vida.  De la misma manera, un minificcionista ha «inventado» más minirelatos de los que podrá escribir durante su corta estancia en el mundo. La obra de este raro espécimen de escritor tiene algo así  como la música de Mozart, sus silencios son igual de importantes que su sonido.
A mí la minificciones que sobreviven el tamiz —del olvido o la mera desidia— me llegan a la pluma o a la computadora ya escritas, nomás me queda actuar a la manera de un médium o —para ir más a tono con la época— un módem. Estos textos no sólo brindan satisfacciones cuando son leídos, o cuando son plasmados en la página en blanco; su recompensa está implícita desde el momento que se nos prende el foco.
A estas alturas de la literatura podemos descartar la otrora —y agora— manidérrima cantaleta de que hay autores que no escriben sino para ellos mismos, afirmación la cual, de ser cierta, implicaría que habría sido hecha para ellos mismos: ¿pescaron la ironía? Los lectores son, entonces, la ocupación principal de los autores, y si lectores de minificciones, tan fugaces, fractales y proteicos como ellas. Esto pasa para las creaciones que llegan al papel, por supuesto. Me pregunto en qué dimensión o campo astral viven las que nunca tocaron este universo. Me espanta un poco pensar que estas últimas son como la masturbación, que a final de cuentas —cuentos— requiere de más imaginación.
Termino con otro símil musical:  Sería interesante hacer concursos de minificción de viva voz, donde los autores serían como aquellos maestros repentistas del son huasteco. No creo que me iría tan mal, a veces me sorprendo recitando el germen de mis letras en un parque o en la terraza, o en alguna simple caminata, recurriendo a esa materia prima de tanto creador: la locura.

Bajo llave

Le escribía versos muy hermosos. Le decía que en su corazón tenía un cofre donde atesoraba sus tersos ojos, la miel de sus caderas y la tan sutil sarta de marfil que se agazapaba tras sus labios rojos. Había suspiros y sonrojos, la suma de sus pechos y el tañido febril de ese cuerpo que despertaba en él un infierno de antojos.
En otro cofre —uno que guardó en el clóset— puso ojos, caderas, pechos y sonrisa. También tuvo cuidado de meter mucho algodón para absorber tanta sangre.

Rubén Pesquera Roa (México, DF), Biólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México. Tiene una fructífera obra de ficción y no ficción diseminada en antologías y manuales de ciencia. Es asiduo colaborador de varios portales de internet. Ha sido coordinador del taller de minificción La Marina.

5 comentarios:

  1. Ay, Rubén, que alegría verte por aquí y leerte un texto tan, tan largo :-).
    Y me hace ilusión que hayas elegido ese micro, ya ves.
    Abrazosos y besosos.

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  2. Uno de tus famosos textos de humor negro. Beso.

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  3. Elisa, sólo te aclaro que ellos seleccionaron esta mini. Yo les envié varias. Besosos de vuelta.

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  4. Qué alegría encontrarte en la IM, Rubén. También yo recito en voz alta "el germen de mis letras"; de no hacerlo así, no escribo

    Te dejo un fuerte abrazo

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  5. Yo creo que Rubén es un caso excepcional. Cuando tuve el honor de ser jurado en La Marina, no podía quedarme con ninguno de sus textos, todos me parecían magníficos. Un abrazo muy fuerte.

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