Comité Editorial

28 de octubre de 2014

Un peldaño tras otro.

       Un súbito desconcierto se apodera del joven repartidor al llegar al tercer descansillo: habría jurado que el piso de la entrega era un segundo. Sigue bajando. Llega al cuarto descansillo. El desconcierto aumenta. Pero sigue bajando. Se suceden descansillos. El tiempo difumina sus límites. Y el ánimo del repartidor evoluciona a tramos: del vigor a la inercia, de la inercia a las dudas, de las dudas al hastío, del hastío al inesperado sosiego. Las piernas le flojean. Por fin alcanza el portal. Al salir ve a una anciana. Parece como si lo esperara. La abraza. Aspira el olor curtido de su cuello. La besa. Y empiezan a pasear cogidos de la mano. 

Iván Teruel Cáceres, La tijera de Lish, 2013.

2 comentarios:

  1. Las escaleras son muy literarias y ese juego de pisos relacionado con la vida muy acertado.

    Un buen microrrelato.

    ¡Felicidades por la publicación, Iván!

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