Comité Editorial

28 de mayo de 2015

Breve entrevista a Kike Parra Veïnat

Kike Parra Veïnat (Alzira, 1971). Siempre pasan cosas (Enkuadres, 2015)  es su primer libro en solitario y, además, de microrrelatos. Escribe cuentos desde pequeño. Ha sido alumno en la Escuela de Escritores, de Madrid. Actualmente lo es de Isabel Cañelles. Ha recibido varios premios literarios, y le gustaría que le dieran otros (para viajar y probar los platos típicos de la zona). Algunas de sus historias se han publicado en diversas antologías, destacando Relatos 04 (Tres rosas amarillas, 2012). Se pueden encontrar micros suyos en antologías como Más allá de la medida (Gens, 2010) y en el libro del II Microconcurso de La Microbiblioteca, en 2013. 

Kike, ¿por qué, para qué o para quién escribes?
No sabría decir la razón por la que empecé a escribir, cuando era un niño. Me decanto por pensar que fue para ser un poco más protagonista de las historias que leía. Los  libros que marcaron mis primeros escritos fueron Las aventuras de los Cinco, de Enid Blyton. Me dio por escribir relatos de chavales que se escapan de casa para vivir otras aventuras. Han pasado los años y quizá lo tengo más claro. Pienso que escribo porque hay algo dentro de mí que me pone a la vista una idea, una historia, un personaje, ya sea bien rescatándolo de mi subconsciente o fijándose en él, pero en ambos casos me crea la necesidad de escribir. Lo que no sabría decirte es para quién. Cuando corrijo los textos sí tengo en la cabeza a un posible lector (como alguien que quiero que entienda lo que intento expresar), pero nada más.

¿Desde cuándo escribes microrrelatos?
La primera vez fue hace quince años. Solía escribirlos para participar en el espacio radiofónico que Gemma Nierga compartía con Juan José Millás, en la Cadena Ser. Los microrrelatos que aparecen en Siempre pasan cosas los escribí en 2012, al terminar un curso en el que tuve de profesora a Isabel González y, entre mis compañeros, a Mar Horno (quien me dejaba alucinado con cada una de los textos que leí de ella). Ese curso para mí fue como un shock, pero positivo: Isabel es excepcional, por cómo escribe y cómo enseña y es capaz de transmitir al alumno; y Mar es tan buena escribiendo micros… a mí me pasó como cuando vemos a Nadal jugando al tenis y luego coge uno la raqueta y dice, Mira, como Nadal… ya, eso hubiera deseado. La verdad es que acabé el curso con muchas ganas de tomarme más en serio los microrrelatos —mayor continuidad, dedicación, lectura.
 
Has sido alumno de cursos de escritura. ¿El escritor nace, se hace o ambas cosas?
Creo que uno nace con unos dones que sirven mejor para una cosa que para otra, depende de hacia dónde encamine sus pasos, o le permitan hacerlo. En mi caso, empecé a escribir historias a los doce años y nadie me ha dicho que deje de hacerlo. Las únicas trabas me las he impuesto yo, pero aún así he tirado para adelante, gracias a darme cuenta de que me las ponía y a que he tenido gente a mi lado que me las han señalado: todos los profesores de escritura de los que he sido —y lo sigo siendo— alumno.



A diferencia de la mayoría de los escritores de microrrelatos, no tienes blog donde exponer tus textos, ¿por qué?
Hay dos razones, que se complementan. Una es que sigo teniendo vergüenza de mostrar lo que escribo y la otra que prefiero quedarme en este lado, pues un blog me exigiría que le dedicase tiempo (alimentarlo, interaccionar con los lectores que participan y atender los comentarios) y eso es algo que, a día de hoy, no me puedo permitir. A esto se debe unir que soy muy básico en cuanto a la tecnología, básico y torpe a la vez.

La ciudad tiene una gran importancia en Siempre pasan cosas. ¿Qué significa para ti lo urbano?
Dentro de lo urbano está metido aquello que mejor conozco, porque convivo con ello a diario, es el lugar donde están todas las miserias y bondades, tanto las mías como las de las demás personas. En la actualidad, las ciudades están interconexionadas gracias a los medios de comunicación e Internet. En las ciudades puede pasar cualquier cosa, y hemos llegando a un punto en el que las noticias ya no nos parecen tan distintas si ocurren en tu ciudad o en otra a cinco mil kilómetros.

El amor y la soledad también están presentes en el libro. ¿Son indisolubles ambos conceptos?
Lo son más veces de las que nos creemos. A lo largo de una relación entre dos personas, siempre hay momentos en el que el enamorado se siente solo por amor, o desamor, que viene a ser esa soledad. Lo puede expresar o callárselo. Ese momento de duda es lo que más me interesa como elemento narrativo, junto a las consecuencias que vienen posteriormente.


¿Cómo está siendo tu experiencia en EnKuadres, una editorial nueva dedicada, entre otros géneros, al microrrelato?
Está siendo una experiencia fantástica. Como escritor estoy encantado. Cuidan mucho la edición. Te dejan actuar con total libertad a la hora las revisiones de los textos. Tienen mucha ilusión y saben lo que tienen entre manos. Creo que en Enkuadres van a tener cabida parte de los mejores escritores y escritoras de microrrelatos del país. No lo digo por mí, obviamente, sino porque apuestan por el microrrelato de manera seria, cuidan al autor y están dispuestos a apoyar a los microrrelatistas.

¿Crees que el microrrelato es, como afirma Irene Andres-Suárez, el "cuarto género narrativo" o un subgénero del cuento?
Tanto si es una cosa como si es la otra, no me va a influye a la hora de escribirlos, tampoco voy a cambiar mi manera de hacerlo. Para mí el microrrelato es un cuento con una extensión tope. Intento que los microrrelatos que escribo sean cuentos adaptados a esas medidas, que la historia encaje y pueda desarrollarse en ese formato. Soy tradicional en el aspecto de que prefiero escribir microrrelatos de corte más narrativo, en el que haya un conflicto y una resolución del conflicto.

¿Cuáles son tus autores de microrrelato favoritos?
Los primeros que leí fueron Cortázar, Mrozek, Denevi, Arreola, Borges y Bioy Casares. Actualmente me decanto más por autores vivos contemporáneos en los que reincido: Fernando Iwasaki, Las Microlocas, Ana María Shua, Andrés Neuman, Patricia Esteban Erlés y Raúl Brasca.

¿Qué libros podemos encontrar ahora mismo en tu mesilla de noche?
En estos momentos cuatro (el doble de lo habitual): Por mis muertos, de Flavia Company (Páginas de Espuma); La muerte juega a los dados, de Clara Obligado (Páginas de Espuma); Autorretrato, de Martha Asunción Alonso (Ejemplar único) y El Imperio de los signos, de Roland Barthes (Seix Barral).

¿Tienes algún otro proyecto literario del que nos quieras avanzar algo?
Está previsto que en octubre salga publicada una colección de diez relatos míos. Es algo de lo que, creo, puedo hablar (si no siguiera adelante, no sería por hablar de ello aquí). Son cuentos que trabajé en 2011 y 2012, influenciado, principalmente, por dos libros de relatos y dos personas. Los libros son: Bajo el influjo del cometa, de Jon Bilbao (Salto de Página) y Knockemstiff, de Donald Ray Pollock (Libros del Silencio); y las personas, Isabel Cañelles y Juan Carlos Márquez. Si no se hubieran juntado estas cuatro piezas no hubiera llegado a donde lo hice, pues mi forma de abordar este género sufrió una regeneración, quizá la más importante de las que he ido teniendo a lo largo de los años.

Un libro: Llenad la Tierra, de Juan Carlos Márquez.
Un autor: Son tantos. Por ejemplo, Marguerite Yourcenar y Ray Loriga.
Una editorial: Cualquiera que publique libros que me gusten.
Una ciudad: Dublín.
Un plato: El arroz caldoso de mi madre.
Una bebida: Vino.
Una canción: Un buen día, de Los Planetas. Y cualquiera de U2.
Una película: La gran belleza, de Paolo Sorrentino.
Un deseo: Vivir un tiempo en alguna de las zonas del País Vasco, Navarra o los Pirineos a las que suelo viajar.
Un secreto: El que quieran contarme, me encanta escuchar.

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