Kike Parra
Veïnat (Alzira, 1971). Siempre pasan cosas (Enkuadres, 2015) es su primer libro en solitario y, además, de
microrrelatos. Escribe cuentos desde pequeño. Ha sido alumno en la Escuela de
Escritores, de Madrid. Actualmente lo es de Isabel Cañelles. Ha recibido varios
premios literarios, y le gustaría que le dieran otros (para viajar y probar los
platos típicos de la zona). Algunas de sus historias se han publicado en
diversas antologías, destacando Relatos 04 (Tres rosas amarillas, 2012).
Se pueden encontrar micros suyos en antologías como Más allá de la medida (Gens, 2010) y en el libro del II
Microconcurso de La Microbiblioteca, en 2013.
Kike, ¿por qué, para qué o para quién escribes?
No sabría decir la
razón por la que empecé a escribir, cuando era un niño. Me decanto por pensar
que fue para ser un poco más protagonista de las historias que leía. Los libros que marcaron mis primeros escritos fueron
Las aventuras de los Cinco, de Enid
Blyton. Me dio por escribir relatos de chavales que se escapan de casa para
vivir otras aventuras. Han pasado los años y quizá lo tengo más claro. Pienso
que escribo porque hay algo dentro de mí que me pone a la vista una idea, una
historia, un personaje, ya sea bien rescatándolo de mi subconsciente o
fijándose en él, pero en ambos casos me crea la necesidad de escribir. Lo que
no sabría decirte es para quién. Cuando corrijo los textos sí tengo en la
cabeza a un posible lector (como alguien que quiero que entienda lo que intento
expresar), pero nada más.
¿Desde cuándo escribes microrrelatos?
La primera vez fue
hace quince años. Solía escribirlos para participar en el espacio radiofónico
que Gemma Nierga compartía con Juan José Millás, en la Cadena Ser. Los
microrrelatos que aparecen en Siempre
pasan cosas los escribí en 2012, al terminar un curso en el que tuve de
profesora a Isabel González y, entre mis compañeros, a Mar Horno (quien me
dejaba alucinado con cada una de los textos que leí de ella). Ese curso para mí
fue como un shock, pero positivo: Isabel es excepcional, por cómo escribe y
cómo enseña y es capaz de transmitir al alumno; y Mar es tan buena escribiendo
micros… a mí me pasó como cuando vemos a Nadal jugando al tenis y luego coge
uno la raqueta y dice, Mira, como Nadal… ya, eso hubiera deseado. La verdad es
que acabé el curso con muchas ganas de tomarme más en serio los microrrelatos
—mayor continuidad, dedicación, lectura.
Has sido alumno de cursos de escritura. ¿El escritor
nace, se hace o ambas cosas?
Creo que uno nace
con unos dones que sirven mejor para una cosa que para otra, depende de hacia
dónde encamine sus pasos, o le permitan hacerlo. En mi caso, empecé a escribir
historias a los doce años y nadie me ha dicho que deje de hacerlo. Las únicas
trabas me las he impuesto yo, pero aún así he tirado para adelante, gracias a
darme cuenta de que me las ponía y a que he tenido gente a mi lado que me las
han señalado: todos los profesores de escritura de los que he sido —y lo sigo
siendo— alumno.
A diferencia de la mayoría de los escritores de
microrrelatos, no tienes blog donde exponer tus textos, ¿por qué?
Hay dos razones,
que se complementan. Una es que sigo teniendo vergüenza de mostrar lo que
escribo y la otra que prefiero quedarme en este lado, pues un blog me exigiría
que le dedicase tiempo (alimentarlo, interaccionar con los lectores que
participan y atender los comentarios) y eso es algo que, a día de hoy, no me
puedo permitir. A esto se debe unir que soy muy básico en cuanto a la
tecnología, básico y torpe a la vez.
La ciudad tiene una gran importancia en Siempre pasan
cosas. ¿Qué significa para ti lo urbano?
Dentro de lo urbano
está metido aquello que mejor conozco, porque convivo con ello a diario, es el
lugar donde están todas las miserias y bondades, tanto las mías como las de las
demás personas. En la actualidad, las ciudades están interconexionadas gracias
a los medios de comunicación e Internet. En las ciudades puede pasar cualquier
cosa, y hemos llegando a un punto en el que las noticias ya no nos parecen tan
distintas si ocurren en tu ciudad o en otra a cinco mil kilómetros.
El amor y la soledad también están presentes en el libro.
¿Son indisolubles ambos conceptos?
Lo son más veces de
las que nos creemos. A lo largo de una relación entre dos personas, siempre hay
momentos en el que el enamorado se siente solo por amor, o desamor, que viene a
ser esa soledad. Lo puede expresar o callárselo. Ese momento de duda es lo que
más me interesa como elemento narrativo, junto a las consecuencias que vienen
posteriormente.
¿Cómo está siendo tu experiencia en EnKuadres, una
editorial nueva dedicada, entre otros géneros, al microrrelato?
Está siendo una
experiencia fantástica. Como escritor estoy encantado. Cuidan mucho la edición.
Te dejan actuar con total libertad a la hora las revisiones de los textos.
Tienen mucha ilusión y saben lo que tienen entre manos. Creo que en Enkuadres van
a tener cabida parte de los mejores escritores y escritoras de microrrelatos
del país. No lo digo por mí, obviamente, sino porque apuestan por el
microrrelato de manera seria, cuidan al autor y están dispuestos a apoyar a los
microrrelatistas.
¿Crees que el microrrelato es, como afirma Irene
Andres-Suárez, el "cuarto género narrativo" o un subgénero del
cuento?
Tanto si es una
cosa como si es la otra, no me va a influye a la hora de escribirlos, tampoco voy
a cambiar mi manera de hacerlo. Para mí el microrrelato es un cuento con una
extensión tope. Intento que los microrrelatos que escribo sean cuentos
adaptados a esas medidas, que la historia encaje y pueda desarrollarse en ese
formato. Soy tradicional en el aspecto de que prefiero escribir microrrelatos
de corte más narrativo, en el que haya un conflicto y una resolución del conflicto.
¿Cuáles son tus autores de microrrelato favoritos?
Los primeros que
leí fueron Cortázar, Mrozek, Denevi, Arreola, Borges y Bioy Casares.
Actualmente me decanto más por autores vivos contemporáneos en los que reincido:
Fernando Iwasaki, Las Microlocas, Ana María Shua, Andrés Neuman, Patricia
Esteban Erlés y Raúl Brasca.
¿Qué libros podemos encontrar ahora mismo en tu mesilla
de noche?
En estos momentos cuatro
(el doble de lo habitual): Por mis
muertos, de Flavia Company (Páginas de Espuma); La muerte juega a los dados, de Clara Obligado (Páginas de Espuma);
Autorretrato, de Martha Asunción
Alonso (Ejemplar único) y El Imperio de
los signos, de Roland Barthes (Seix Barral).
¿Tienes algún otro proyecto literario del que nos quieras
avanzar algo?
Está previsto que
en octubre salga publicada una colección de diez relatos míos. Es algo de lo
que, creo, puedo hablar (si no siguiera adelante, no sería por hablar de ello
aquí). Son cuentos que trabajé en 2011 y 2012, influenciado, principalmente,
por dos libros de relatos y dos personas. Los libros son: Bajo el influjo del cometa, de Jon Bilbao (Salto de Página) y Knockemstiff, de Donald Ray Pollock
(Libros del Silencio); y las personas, Isabel Cañelles y Juan Carlos Márquez.
Si no se hubieran juntado estas cuatro piezas no hubiera llegado a donde lo
hice, pues mi forma de abordar este género sufrió una regeneración, quizá la
más importante de las que he ido teniendo a lo largo de los años.
Un libro: Llenad la Tierra, de
Juan Carlos Márquez.
Un autor: Son tantos. Por
ejemplo, Marguerite Yourcenar y Ray Loriga.
Una editorial: Cualquiera que
publique libros que me gusten.
Una ciudad: Dublín.
Un plato: El arroz caldoso de mi
madre.
Una bebida: Vino.
Una canción: Un buen día, de Los Planetas. Y
cualquiera de U2.
Una película: La gran belleza, de Paolo Sorrentino.
Un deseo: Vivir un tiempo en
alguna de las zonas del País Vasco, Navarra o los Pirineos a las que suelo viajar.
Un secreto: El que quieran
contarme, me encanta escuchar.



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