Comité Editorial

21 de mayo de 2015

El pulso de la minificción en Puebla

El pulso de la minificción en Puebla
(Prólogo a Ráfaga imaginaria y selección de textos)
Por Fernando Sánchez Clelo

Ráfaga imaginaria reúne minificciones de catorce escritores que radican en la ciudad de Puebla y su zona conurbada. Los 133 textos fueron compilados desde el enfoque de un lector entusiasta de la ficción breve y por ello su noción fundacional es hedonista. En cambio, persigue diversos propósitos: recuperar lo que escriben los autores asiduos a la minificción en esta entidad, sumar una vía más para su divulgación y generar un espacio de encuentro entre los autores, tanto de los visibles como de aquellos que se mantienen bajo cierto anonimato.
El punto de partida de este libro fue definir qué es la ficción breve y se retomaron las palabras de Guillermo Samperio (2008), quien lo explicó de forma concisa: “Cuando se dice ‘ficción’ estamos señalando que el texto se encuentra del lado de la literatura, en especial de la prosa, y con el adjetivo ‘breve’ estamos indicando su dimensión” (p. 124). Pero hay que agregar que este carácter lacónico concentra una unidad de efecto para que el lector reciba “una unívoca impresión emotiva o reflexiva, o una combinación de ambas, ineludible, al finalizar de leer el texto” (ibid).
A este primer paso se sumaron las características señaladas por Violeta Rojo (1997) y la clasificación que propone Lauro Zavala (2000). La especialista venezolana identificó cinco características de lo que llamó minicuento, pero que designa al mismo tipo de texto aquí llamado minificción. Las características son: la brevedad, pues idealmente debe abarcar una página impresa o menos, pero para esta compilación se eligieron aquellos que no sobrepasan las 400 palabras; el lenguaje preciso, cuyo propósito es reducir el número de palabras a emplear; la anécdota comprimida, que se consigue tanto con la condensación de la narración, como con la sugerencia de una historia, para la cual se requiere contar con la complicidad del lector; el uso de cuadros, datos que ubican al lector en un contexto para orientan una interpretación; y finalmente el carácter proteico, ya que el texto tienen la capacidad de adquirir múltiples formas, como el ensayo, el aforismo, la greguería, el instructivo, la viñeta, entre otros.
En lo que respecta a la clasificación, Zavala (2000) realizó una división sucinta de la minificción en tres grupos: el minicuento, narración breve que ciñe la estructura del cuento clásico y organiza las acciones de modo temporal; el micro-relato, texto con una intensión alegórica —y es en este grupo donde adquiere formas diversas—; y las minificciones híbridas o posmodernas, una combinación de los dos grupos anteriores (pp. 16-17). De esta manera se definieron los rasgos a discernir en los textos para conformar esta compilación.

Los imaginantes
A pesar de ser menor el número de autores en Puebla que escriben ficción breve —en comparación con la poesía, el cuento o la novela—, se establecieron dos condiciones para ser incluidos; la primera, que los autores realizaran su actividad literaria en esta entidad, sin importar que hubiera nacido en otro estado: aquí escriben, asisten o dan talleres de creación literaria; publican libros, en revistas, suplementos culturales, blogs, páginas de internet o antologías. La segunda condición fue que tuvieran un trabajo previo en minificción, publicado o inédito, como una forma de constatar su práctica recurrente.
De los primeros diez autores contemplados al inicio, el número fue incrementándose hasta llegar a los 14, doce hombres y dos mujeres; diez son originarios de Puebla, tres nacieron en la Ciudad de México y uno en Orizaba, Veracruz. Aunque hubo quienes respondieron positivamente al llamado, sus ocupaciones les impidieron concretar su participación. Se solicitó a los autores hasta diez minificciones y no se requirió que escribieran especialmente para este proyecto. El tema fue libre y tampoco se estableció que en sus textos existiera algún elemento o tema alusivo a Puebla.
Tal como a los escritores se les designa novelistas, cuentistas o poetas, en el ámbito literario no existe naturalizado un término como minificcionista, que bien podría asignarse a José Luis Zárate por sus publicaciones constantes, su presencia firme durante años, su labor de divulgación en redes sociales y por su taller itinerante de twitteratura, expresión que tiene cabida dentro de la gama de la minificción. Pero hay algunos han hecho de la ficción breve su expresión vital sin ser autores que gusten de llamar la atención, como Alexandr Zchymczyk, Javier Zúñiga, así como David Baizabal, quien también ha incursionado en los estudios teóricos con colaboraciones en páginas como “El cuento en Red: Revista electrónica de teoría de la ficción breve” e “Internacional Microcuentista”.
Hay autores que ya tienen una trayectoria sobresaliente y para quienes la escritura de lo breve representa un espacio de visita recurrente, como Jorge Arturo Abascal, José Günter Petrak y Gerardo Oviedo. En otros casos, autores que despuntan por su dominio en otros géneros tienen una aproximación notable a la minificción: Alejandro Badillo, Eduardo Sabugal, Judith Castañeda y Guillermo Garay.
También existen los casos de quienes tienen su actividad profesional y laboral en otros ámbitos, pero la creación de minificciones es parte de su arraigo literario, como Elías D’Alva, quien además de habitar entre libros incursiona en la música; Julio César Sánchez Chilaca tiene un interés especial en las artes visuales, e Itzel Saucedo Villarreal escribe y publica libros de texto sobre literatura y redacción.
El investigador David Lagmanovich (2009) señaló que “el escritor imagina y escribe ficciones mínimas porque procura experimentar —y transmitir a sus lectores— la alegría de la creación”. Se agradece a los autores la confianza en este proyecto y por compartir su entusiasmo por la ficción breve.

El imaginario
Esta compilación da cuenta del carácter proteico de la minificción, como señaló Violeta Rojo: “Pertenece o se vincula con muchos géneros a la vez, pero a ninguno de ellos en propiedad” (1997, 92). Hay propuestas heterogéneas, tanto es su forma como en su contenido. Encontramos con José Günter Petrak la parodia a los cuentos de hadas (“1”, “4”, “6”, “8”, “10”); y en David Baizabal la ironía en forma de ensayo sobre la creación literaria (“El alimento”, “Panta rhei”, “Libros que engordan”). En la participación de Itzel Saucedo tenemos juegos de palabras (“Aviso de ocasión”) y el engarzamiento de historias (“Oasis”, “Fotografía”). Ejemplos del instructivo (“Hamelin”) y de la viñeta fantástica (“La cautiva”) los ofrece Alejandro Badillo. La metaficción, muy arraigada en la mini-ficción, la encontramos en Alexandr Zchymczyk (“El fin de la existencia”, “Gente de circo”), así como la elipsis con Elías D’Alva (“Lo que hallaron dentro del cráneo de un policía después de una autopsia”).
Pero la mayoría de los autores ejercita la condensación de los elementos del cuento clásico en unas cuantas líneas: el minicuento (Zavala, 2000, 16-17), como algunos escritos por Julio César Sánchez Chilaca (“Inesperado”, “Piel de luna”) y Judith Castañeda (“Cita en el bar”). En general hay casos de intertextualidad (“Legendarios”, “Testimonio del habitante del B-613”, “7”, “9”, “Mandraco”), de viñetas, (“Ausencias”, “Ciertos atributos”, “Excelso lugar”), de diálogos (“El viento”, “Las olas y el mar”) y una anécdota futurista (“Robo de androids”).
También hay propuestas homogéneas con un tema, personajes o estructura permanente, hecho que da cohesión a la propuesta y que anuncia un proyecto mayor. Tenemos la experimentación de José Luis Zárate con el método shut-cut; guiños a temas filosóficos en la serie del cosmonauta y el jokerman, de Eduardo Sabugal; metatextualidad, con comentarios irónicos a obras ficticias, por Gerardo Oviedo, y las lecciones de adiestramiento para guerreros por Guillermo Garay. Otras dos series, aunque menos copiosas, son las de Jorge Arturo Abascal, en la que retoma a su personaje, Fátima —además de ofrecernos dos minificciones para niños—, y la serie dedicada al mito de los ángeles caídos, de Javier Zúñiga.
Sin importar la forma o la intención, un elemento constante en el libro es lo fantástico: pinturas que respiran y empañan el cristal que las protege, terroristas astrofísicos, moscas en nirvana, electrocerebros, carcajadas cósmicas, autopsias insólitas, columpios astrales, orgías de cannabis, ángeles budistas, guerreros sabios, musas dictatoriales, muñecos vudú y más, para sorprender al lector.

* * *

Poco a poco arribarán nuevos libros de minificcionistas, mientras tanto, en complicidad con blogs y páginas de internet, las antologías seguirán siendo un medio para su difusión. De esta forma, Ráfaga imaginaria también da un vistazo al panorama literario en Puebla desde la perspectiva del texto mínimo, con la posibilidad de apropiarnos de distintas maneras de estas minificciones al crear diversas interpretaciones motivadas por nuestra expectativa y experiencias.

Tal vez esta publicación abra nuevas posibilidades para quienes en un futuro se interesen en realizar una nueva compilación, en adentrarse en el estudio de la minificción o en motivarse a la creación literaria.

fsc

Tragedia marina
Alejandro Badillo
Durante varios días, después del derrame petrolero de aquel buque, la única ocupación en la aldea fue recoger las sirenas muertas que arrojaba la marea a la playa.

Libros que engordan
David Baizabal
Hay muchas formas de engordar, por ejemplo: lee Cien años de soledad y engordará tu imaginación; inténtalo con Don Quijote y, aunque no te lo acabas de un sentón, termina por engordar tu sintaxis histórica; degusta un microrrelato y tu prudencia sube cinco tallas de golpe. Pero cuidado, no todo lo que engorda es bueno: las lisonjas zalameras, gratuitas o ignorantes, son siempre mortales y te agrandan la barriga, las manos y la cabeza. De ahí que veas a tantos escritores pesados, facilistas y torpes.

Cita en el bar
Judith Castañeda Suari
Iba con casi una hora de atraso cuando llegó la respuesta. “Ya no puedo esperarte, pero pregúntale por mí al cantinero”, leí en el celular con una sonrisa. Después de todo, no había ignorado mi mensaje: “Casi llego, estoy en camino, ¿cómo te reconozco?, yo voy de mezclilla”. El último eslabón de esa cadena me esperaba detrás de una barra.
—La nena de vestido rojo le dejó esto —dijo el cantinero.
Señaló junto a un vaso alargado: había una servilleta en blanco.

Cuento de rock
Elías D’Alva
El Glam fue un sueño de pirotecnia hermoso; creímos de verdad que era posible salir a la calle con camisas de satín, mascadas y liguero: rudísimos.

XXVII
Guillermo Garay
“Algunas tribus del norte duermen con un ojo abierto como símbolo de estar siempre alerta. Los GATORI ríen de esta práctica; dormir es dejarse ir: cerrar los ojos es abrir los otros sentidos y mirar a través del mundo”. (Del Libro de la Gran Magia GATORI)

2311
Gerardo Oviedo
“Actualmente la historia de la humanidad la estudiamos en tres periodos: la prehistoria, la historia y facebook, porque gracias al exhibicionismo de los internautas primitivos, desde el siglo XXI se pudo contar con una historia verídica de la raza humana, con fotos a color”.
Maestra dando su cátedra en “La Sorbonne 17.28.21” en el año 2798 de nuestra Era.


9
José Günther Petrak
El cazador oyó una vocecita que venía de la panza del lobo… era ventrílocuo.

Inesperado
Julio César Sánchez Chilaca
Sin que nadie la llamara, la niña apareció de súbito en el umbral de aquella pieza, donde se encontraban los policías y su padre. Ella, con los labios pálidos y temblorosos, señaló a su progenitor como el asesino de su mamá: cómo después de degollarla, la arrastró hacia el sótano. Todo lo observó oculta debajo de la mesa. Los agentes lo aprehendieron, a la vez que el criminal quedaba atónito y confundido, porque estaba seguro de que su hija era muda.

Fotografía
Itzel Saucedo Villarreal
Por la calle camina una niña que voltea hacia la casa del niño que le gusta; el niño mira, desde su ventana, al cliente de su padre que llega en un auto que él quisiera tener cuando sea grande; el joven conductor mira por el retrovisor a una muchacha con minifalda que baja de un autobús; la joven mira de reojo al guapo profesor que, sentado en una banca, lee un cuento acerca de mí.

[Destinos]
José Luis Zárate
Lorena se detuvo ante la puerta del cuento. No quería avanzar, ignoraba que su destino estaba fijado desde la contraportada.
* * *
Una noche tuvo vuelo. El viejo cerró su libro. No quería leer el accidente. Aun así, cuando el libro cayó en el suelo, todos murieron.

El monje y la mosca
Alexandr Zchymczyk
El timbre en los monasterios hace yin-yang.
—¡Maldita mosca!
Pero antes de levantar el brazo para asestar el certero golpe, el desesperante zumbido cesó y el monje se dio cuenta de repente: aquella mosca había descubierto su lugar exacto en el universo, había alcanzado la iluminación logrando el equilibrio perfecto y se desvaneció como si nunca hubiese existido.
—¡Maldita mosca! —dijo el monje y en su voz había envidia.

Personaje
Javier Zúñiga
Tras cerrar el libro, el personaje se dio cuenta de que su día había durado ocho páginas y que el próximo amanecer estaba en duda: el lector no quedó prendado del argumento.

Referencias
Lagmanovich, D. (2009). El microrrelato hispánico: algunas reiteraciones. Extraído el 28 de mayo de 2014 desde http://www.iai.spk-berlin.de/fileadmin/dokumentenbibliothek/Iberoamericana/36-2009/36_Lagmanovich.pdf.
Rojo, V. (1997). Breve manual para reconocer minicuentos. México: Universidad Autónoma Metropolitana, Colección Libros del Laberinto.
Samperio, G. (2008). La ficción breve en La brevedad es una Catarina anaranjada. Ficciones breves. México: Editorial Lectorum, Colección Marea Alta. pp. 123-137.
Zavala, L. (2000). Prólogo a Relatos Vertiginosos. Antología de cuentos mínimos, México: Editorial Alfaguara, Colección Juvenil, pp. 13-19.

Sánchez Clelo, F. (2014). Ráfaga imaginaria. Minificción en Puebla. Puebla: Fomento Editorial BUAP, Colección Asteriscos.

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