El pulso de la minificción en Puebla
(Prólogo a Ráfaga imaginaria y selección de textos)
Por
Fernando Sánchez Clelo
Ráfaga imaginaria reúne
minificciones de catorce escritores que radican en la ciudad de Puebla y su
zona conurbada. Los 133 textos fueron compilados desde el enfoque de un lector
entusiasta de la ficción breve y por ello su noción fundacional es hedonista.
En cambio, persigue diversos propósitos: recuperar lo que escriben los autores asiduos
a la minificción en esta entidad, sumar una vía más para su divulgación y
generar un espacio de encuentro entre los autores, tanto de los visibles como
de aquellos que se mantienen bajo cierto anonimato.
El
punto de partida de este libro fue definir qué es la ficción breve y se
retomaron las palabras de Guillermo Samperio (2008), quien lo explicó de forma
concisa: “Cuando se dice ‘ficción’ estamos señalando que el texto se encuentra del
lado de la literatura, en especial de la prosa, y con el adjetivo ‘breve’
estamos indicando su dimensión” (p. 124). Pero hay que agregar que este
carácter lacónico concentra una unidad de
efecto para que el lector reciba “una unívoca impresión emotiva o
reflexiva, o una combinación de ambas, ineludible, al finalizar de leer el
texto” (ibid).
A
este primer paso se sumaron las características señaladas por Violeta Rojo
(1997) y la clasificación que propone Lauro Zavala (2000). La especialista
venezolana identificó cinco características de lo que llamó minicuento, pero
que designa al mismo tipo de texto aquí llamado minificción. Las características
son: la brevedad, pues idealmente
debe abarcar una página impresa o menos, pero para esta compilación se
eligieron aquellos que no sobrepasan las 400 palabras; el lenguaje preciso, cuyo propósito es reducir el número de palabras a
emplear; la anécdota comprimida, que
se consigue tanto con la condensación de la narración, como con la sugerencia
de una historia, para la cual se requiere contar con la complicidad del lector;
el uso de cuadros, datos que ubican al lector en un contexto para orientan
una interpretación; y finalmente el carácter
proteico, ya que el texto tienen la capacidad de adquirir múltiples formas,
como el ensayo, el aforismo, la greguería, el instructivo, la viñeta, entre
otros.
En
lo que respecta a la clasificación, Zavala (2000) realizó una división sucinta
de la minificción en tres grupos: el minicuento,
narración breve que ciñe la estructura del cuento clásico y organiza las
acciones de modo temporal; el micro-relato,
texto con una intensión alegórica —y es en este grupo donde adquiere formas
diversas—; y las minificciones híbridas
o posmodernas, una combinación de los
dos grupos anteriores (pp. 16-17). De esta manera se definieron los rasgos a
discernir en los textos para conformar esta compilación.
Los imaginantes
A
pesar de ser menor el número de autores en Puebla que escriben ficción breve
—en comparación con la poesía, el cuento o la novela—, se establecieron dos
condiciones para ser incluidos; la primera, que los autores realizaran su actividad
literaria en esta entidad, sin importar que hubiera nacido en otro estado: aquí
escriben, asisten o dan talleres de creación literaria; publican libros, en
revistas, suplementos culturales, blogs, páginas de internet o antologías. La
segunda condición fue que tuvieran un trabajo previo en minificción, publicado
o inédito, como una forma de constatar su práctica recurrente.
De
los primeros diez autores contemplados al inicio, el número fue incrementándose
hasta llegar a los 14, doce hombres y dos mujeres; diez son originarios de
Puebla, tres nacieron en la Ciudad de México y uno en Orizaba, Veracruz. Aunque
hubo quienes respondieron positivamente al llamado, sus ocupaciones les
impidieron concretar su participación. Se solicitó a los autores hasta diez minificciones
y no se requirió que escribieran especialmente para este proyecto. El tema fue
libre y tampoco se estableció que en sus textos existiera algún elemento o tema
alusivo a Puebla.
Tal
como a los escritores se les designa novelistas, cuentistas o poetas, en el ámbito
literario no existe naturalizado un término como minificcionista, que bien podría asignarse a José Luis Zárate por
sus publicaciones constantes, su presencia firme durante años, su labor de
divulgación en redes sociales y por su taller itinerante de twitteratura, expresión que tiene cabida
dentro de la gama de la minificción. Pero hay algunos han hecho de la ficción
breve su expresión vital sin ser autores que gusten de llamar la atención, como
Alexandr Zchymczyk, Javier Zúñiga, así como David Baizabal, quien también ha
incursionado en los estudios teóricos con colaboraciones en páginas como “El
cuento en Red: Revista electrónica de teoría de la ficción breve” e
“Internacional Microcuentista”.
Hay
autores que ya tienen una trayectoria sobresaliente y para quienes la escritura
de lo breve representa un espacio de visita recurrente, como Jorge Arturo
Abascal, José Günter Petrak y Gerardo Oviedo. En otros casos, autores que
despuntan por su dominio en otros géneros tienen una aproximación notable a la minificción:
Alejandro Badillo, Eduardo Sabugal, Judith Castañeda y Guillermo Garay.
También
existen los casos de quienes tienen su actividad profesional y laboral en otros
ámbitos, pero la creación de minificciones es parte de su arraigo literario, como
Elías D’Alva, quien además de habitar entre libros incursiona en la música;
Julio César Sánchez Chilaca tiene un interés especial en las artes visuales, e
Itzel Saucedo Villarreal escribe y publica libros de texto sobre literatura y
redacción.
El
investigador David Lagmanovich (2009) señaló que “el escritor imagina y escribe
ficciones mínimas porque procura experimentar —y transmitir a sus lectores— la alegría
de la creación”. Se agradece a los autores la confianza en este proyecto y por
compartir su entusiasmo por la ficción breve.
El imaginario
Esta
compilación da cuenta del carácter proteico de la minificción, como señaló
Violeta Rojo: “Pertenece o se vincula con muchos géneros a la vez, pero a
ninguno de ellos en propiedad” (1997, 92). Hay propuestas heterogéneas, tanto
es su forma como en su contenido. Encontramos con José Günter Petrak la parodia
a los cuentos de hadas (“1”, “4”, “6”, “8”, “10”); y en David Baizabal la
ironía en forma de ensayo sobre la creación literaria (“El alimento”, “Panta
rhei”, “Libros que engordan”). En la participación de Itzel Saucedo tenemos
juegos de palabras (“Aviso de ocasión”) y el engarzamiento de historias
(“Oasis”, “Fotografía”). Ejemplos del instructivo (“Hamelin”) y de la viñeta fantástica
(“La cautiva”) los ofrece Alejandro Badillo. La metaficción, muy arraigada en
la mini-ficción, la encontramos en Alexandr Zchymczyk (“El fin de la
existencia”, “Gente de circo”), así como la elipsis con Elías D’Alva (“Lo que
hallaron dentro del cráneo de un policía después de una autopsia”).
Pero
la mayoría de los autores ejercita la condensación de los elementos del cuento
clásico en unas cuantas líneas: el minicuento (Zavala, 2000, 16-17), como
algunos escritos por Julio César Sánchez Chilaca (“Inesperado”, “Piel de luna”)
y Judith Castañeda (“Cita en el bar”). En general hay casos de intertextualidad
(“Legendarios”, “Testimonio del habitante del B-613”, “7”, “9”, “Mandraco”), de
viñetas, (“Ausencias”, “Ciertos atributos”, “Excelso lugar”), de diálogos (“El
viento”, “Las olas y el mar”) y una anécdota futurista (“Robo de androids”).
También
hay propuestas homogéneas con un tema, personajes o estructura permanente,
hecho que da cohesión a la propuesta y que anuncia un proyecto mayor. Tenemos la
experimentación de José Luis Zárate con el método shut-cut; guiños a temas
filosóficos en la serie del cosmonauta y el jokerman, de Eduardo Sabugal;
metatextualidad, con comentarios irónicos a obras ficticias, por Gerardo
Oviedo, y las lecciones de adiestramiento para guerreros por Guillermo Garay.
Otras dos series, aunque menos copiosas, son las de Jorge Arturo Abascal, en la
que retoma a su personaje, Fátima —además de ofrecernos dos minificciones para
niños—, y la serie dedicada al mito de los ángeles caídos, de Javier Zúñiga.
Sin
importar la forma o la intención, un elemento constante en el libro es lo
fantástico: pinturas que respiran y empañan el cristal que las protege,
terroristas astrofísicos, moscas en nirvana, electrocerebros, carcajadas cósmicas, autopsias insólitas,
columpios astrales, orgías de cannabis, ángeles budistas, guerreros sabios,
musas dictatoriales, muñecos vudú y más, para sorprender al lector.
* * *
Poco
a poco arribarán nuevos libros de minificcionistas,
mientras tanto, en complicidad con blogs y páginas de internet, las antologías
seguirán siendo un medio para su difusión. De esta forma, Ráfaga imaginaria también da un vistazo al panorama literario en
Puebla desde la perspectiva del texto mínimo, con la posibilidad de apropiarnos
de distintas maneras de estas minificciones al crear diversas interpretaciones
motivadas por nuestra expectativa y experiencias.
Tal
vez esta publicación abra nuevas posibilidades para quienes en un futuro se
interesen en realizar una nueva compilación, en adentrarse en el estudio de la
minificción o en motivarse a la creación literaria.
fsc
Tragedia marina
Alejandro
Badillo
Durante
varios días, después del derrame petrolero de aquel buque, la única ocupación
en la aldea fue recoger las sirenas muertas que arrojaba la marea a la playa.
Libros que engordan
David
Baizabal
Hay
muchas formas de engordar, por ejemplo: lee Cien años de soledad y engordará tu
imaginación; inténtalo con Don Quijote y, aunque no te lo acabas de un sentón,
termina por engordar tu sintaxis histórica; degusta un microrrelato y tu
prudencia sube cinco tallas de golpe. Pero cuidado, no todo lo que engorda es
bueno: las lisonjas zalameras, gratuitas o ignorantes, son siempre mortales y
te agrandan la barriga, las manos y la cabeza. De ahí que veas a tantos
escritores pesados, facilistas y torpes.
Cita en el bar
Judith
Castañeda Suari
Iba con
casi una hora de atraso cuando llegó la respuesta. “Ya no puedo esperarte, pero
pregúntale por mí al cantinero”, leí en el celular con una sonrisa. Después de
todo, no había ignorado mi mensaje: “Casi llego, estoy en camino, ¿cómo te
reconozco?, yo voy de mezclilla”. El último eslabón de esa cadena me esperaba
detrás de una barra.
—La
nena de vestido rojo le dejó esto —dijo el cantinero.
Señaló
junto a un vaso alargado: había una servilleta en blanco.
Cuento de rock
Elías
D’Alva
El Glam
fue un sueño de pirotecnia hermoso; creímos de verdad que era posible salir a
la calle con camisas de satín, mascadas y liguero: rudísimos.
XXVII
Guillermo
Garay
“Algunas
tribus del norte duermen con un ojo abierto como símbolo de estar siempre
alerta. Los GATORI ríen de esta práctica; dormir es dejarse ir: cerrar los ojos
es abrir los otros sentidos y mirar a través del mundo”. (Del Libro de la Gran
Magia GATORI)
2311
Gerardo
Oviedo
“Actualmente
la historia de la humanidad la estudiamos en tres periodos: la prehistoria, la
historia y facebook, porque gracias al exhibicionismo de los internautas
primitivos, desde el siglo XXI se pudo contar con una historia verídica de la
raza humana, con fotos a color”.
Maestra
dando su cátedra en “La Sorbonne 17.28.21” en el año 2798 de nuestra Era.
9
José
Günther Petrak
El
cazador oyó una vocecita que venía de la panza del lobo… era ventrílocuo.
Inesperado
Julio
César Sánchez Chilaca
Sin que
nadie la llamara, la niña apareció de súbito en el umbral de aquella pieza,
donde se encontraban los policías y su padre. Ella, con los labios pálidos y
temblorosos, señaló a su progenitor como el asesino de su mamá: cómo después de
degollarla, la arrastró hacia el sótano. Todo lo observó oculta debajo de la
mesa. Los agentes lo aprehendieron, a la vez que el criminal quedaba atónito y
confundido, porque estaba seguro de que su hija era muda.
Fotografía
Itzel
Saucedo Villarreal
Por la
calle camina una niña que voltea hacia la casa del niño que le gusta; el niño
mira, desde su ventana, al cliente de su padre que llega en un auto que él
quisiera tener cuando sea grande; el joven conductor mira por el retrovisor a
una muchacha con minifalda que baja de un autobús; la joven mira de reojo al
guapo profesor que, sentado en una banca, lee un cuento acerca de mí.
[Destinos]
José
Luis Zárate
Lorena
se detuvo ante la puerta del cuento. No quería avanzar, ignoraba que su destino
estaba fijado desde la contraportada.
* * *
Una
noche tuvo vuelo. El viejo cerró su libro. No quería leer el accidente. Aun
así, cuando el libro cayó en el suelo, todos murieron.
El monje y la mosca
Alexandr
Zchymczyk
El
timbre en los monasterios hace yin-yang.
—¡Maldita
mosca!
Pero
antes de levantar el brazo para asestar el certero golpe, el desesperante
zumbido cesó y el monje se dio cuenta de repente: aquella mosca había
descubierto su lugar exacto en el universo, había alcanzado la iluminación
logrando el equilibrio perfecto y se desvaneció como si nunca hubiese existido.
—¡Maldita
mosca! —dijo el monje y en su voz había envidia.
Personaje
Javier
Zúñiga
Tras
cerrar el libro, el personaje se dio cuenta de que su día había durado ocho
páginas y que el próximo amanecer estaba en duda: el lector no quedó prendado
del argumento.
Referencias
Lagmanovich, D. (2009). El microrrelato hispánico: algunas reiteraciones. Extraído el 28 de
mayo de 2014 desde
http://www.iai.spk-berlin.de/fileadmin/dokumentenbibliothek/Iberoamericana/36-2009/36_Lagmanovich.pdf.
Rojo, V. (1997). Breve manual para reconocer minicuentos. México: Universidad
Autónoma Metropolitana, Colección Libros del Laberinto.
Samperio, G. (2008). La ficción breve en La brevedad es una Catarina anaranjada.
Ficciones breves. México: Editorial Lectorum, Colección Marea Alta. pp.
123-137.
Zavala, L. (2000). Prólogo a Relatos Vertiginosos. Antología de cuentos
mínimos, México: Editorial Alfaguara, Colección Juvenil, pp. 13-19.
Sánchez Clelo, F. (2014). Ráfaga imaginaria. Minificción en
Puebla. Puebla: Fomento Editorial BUAP, Colección Asteriscos.

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