Comité Editorial

18 de mayo de 2015

Hacerse el muerto

¿Por qué nos gusta hacernos los muertos? ¿Se trata de una costumbre sádica, como se quejan nuestros amigos o cónyuges más sensibles? ¿Por qué nos fascina de niños, y seguimos siendo niños, quedarnos deliberadamente inmóviles como momias de nuestro propio futuro? ¿De dónde sale ese placer ácido que sentimos asistiendo al cadáver que todavía no somos? La explicación es sencilla. 
             Al ver todo mientras no miramos nada, al pensar sin hacer ningún esfuerzo por seguir pensando, al notar en nosotros, con poderosa certeza, la selva de las arterias y la montaña rusa de los nervios, no solo confirmamos que estamos vivos sino algo incluso más impresionante: experimentamos nuestra única, pequeña, modesta forma de trascendencia. Sobrevivimos a nosotros mismos. Derrotamos a la muerte jugando. 
             Entra a casa mi hijo. Volveré a respirar.

NEUMAN, Andrés, Por favor, sea breve 2, Páginas de Espuma: Madrid, 2009.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios anónimos serán eliminados. Gracias por su comprensión.