Una sombra gira en el suelo de la cocina. El L.P. "The idiot", de Iggy Pop, da vueltas en el tocadiscos. La pantalla vacía al final de la película. La niebla en el exterior sobre la silueta metálica de las fábricas.
Ese ambiente de peste y polución. De hombres que agotan su existencia a horarios fijos. Mal lugar para los jóvenes poetas. El mejor lugar para un joven punk.
La actuación de Sex Pistols agitó el avispero. Un batería, un bajista, un guitarra: una banda. Letras oscuras. Bailes epilépticos. La noche latiendo a través de las ondas de radio.
Una mujer y otra mujer. Noches de rock´n´roll. Giras eternas. Focos de la televisión, fanáticos a las puertas del camerino. Malo para un joven poeta. Para un joven enfermo. Para un joven punk.
Encontraron a Ian Curtis ahorcado en su cocina. Tenía 24 años. Cantaba en Joy División. Muchos se preguntaron por qué se suicidó en la cumbre del éxito. Su sombra giraba en el suelo de la cocina, con la niebla y la silueta de las fábricas por fondo.
Existencias breves. Fogonazos. Como los relatos de Andrés Neuman o Érika Merguen. O los recogidos en la antología Ráfagas Imaginarias, que presentará Fernando Sánchez Clelo. O los que lanza Manu Espada en Personajes Secundarios. O los que escribe José Luis Zárate, que compartirá su saber con los lectores de la Internacional Microcuentista.
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