El niño bajó el cristal de la ventanilla del asiento trasero
y con su dedito índice iba apuntando a las personas y todo cuanto veía en la
calle. “¡Pam, pam!”, decía, como si su mano fuera un Magnum mortal. Al poco
rato ya su imaginación había ganado vuelo. “¡Boom!”, gritaba, lanzando granadas
que alternaba con varios proyectiles, cerrando su ojito izquierdo para aguzar
la vista y no errar en el tiro. La travesura del chico divertía a más de un
observador, que desprevenidos y humareda que iba dejando a su paso.
Alexis Peña, A la cuenta de tres, Microcuentos del taller de
creación literaria experimental Coiné, 2015.
No sé si falta algo en la última línea o soy yo que no acabo de entenderlo...
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