Comité Editorial

12 de julio de 2015

Semana del 13 al 19 de Julio de 2015.

Miguel Gila falleció el 13 de julio de 2001. Era la segunda vez. La primera fue ante el pelotón de fusilamiento en 1938.

Había nacido en 1916, 1917 y 1919. De padre que trabajaba en un taller o en una fábrica y era moreno, castaño y rubio. De madre que, en aquel momento, estaba en la peluquería o comprando perejil. Lo seguro es que su abuela se llamaba Gregorio porque, cuando vino al mundo, los humildes no sabían distinguir entre niños y niñas. Al poco quedó huérfano: su padre, que combatía en Marruecos, se puso tan contento al saber de su nacimiento, que sacó la cabeza de la trinchera y se la volaron de un disparo. A su madre la perdió cuando intentaban llegar con un barco carguero desde Australia a Zamora y el barco encalló en el río Duero. Gila tuvo suerte y flotó, cual Moisés, dentro de una cesta. Lo recogió un mendigo que lo vendió a unos condes. Con ellos fue feliz hasta que se empeñaron en que estudiara ingeniería naval, cosa a la que se negó, recordando el trauma de su naufragio, por lo que marchó a aquella guerra donde lo matarían por primera vez.

Puede parecer extraño. Absurdo incluso. Puede parecer que Gila inventaba y reinventaba su biografía para hacer reír. Pero a Gila lo fusilaron en 1938 y perdió un año después perdió la guerra. Fue condenado a no hablar, a no decir, a no contar su historia. Sólo mediante el chiste, mediante la risa, pudo burlar la censura y la persecución de aquellos incapaces de entender que el humor puede encerrar las historias más serias y más tristes.

Cuidado con las historias: pueden llevarte hasta el mundo que realmente habitas. Esta semana contaremos con Tere Susmozas, repasaremos los textos breves de Italo Suevo y compartiremos los tuits de @Bruno_Kaz.

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