Continuando
con nuestro proyecto “CALENDARIO MICROCUENTISTA 2016”, les proponemos la
siguiente imagen como disparador al concurso de microficciones del mes de
agosto.
Recibiremos en el cuadro de comentarios de aquí abajo, hasta
el 31 de agosto de 2015, las microficciones de todos los
interesados en participar. Los textos recibidos deberán cumplir con las
siguientes Bases y Condiciones:
1. Podrán participar personas de cualquier nacionalidad
mayores de 18 años.
2. El tema del concurso será libre, aunque debe estar
relacionado de alguna manera con la imagen propuesta.
3. La microficción deberá estar escrita en castellano y ser
inédita: no puede haber sido publicada con anterioridad en ningún espacio
físico (libros, revistas, prensa, etc.) ni virtual (blogs, revistas digitales,
portales web, etc.). Tampoco podrá estar participando en otro concurso ni
esperando fallo de un concurso de la actualidad.
4. El texto no podrá superar las cien (100) palabras. Cada
concursante podrá enviar hasta tres (3) microficciones en cada concurso
mensual.
5. Las microficciones deberán ser publicadas dentro del
espacio previsto para "Comentarios" al pie de la entrada en la que se
publica cada foto.
6. La fecha límite de recepción de microficciones será el
último día de cada mes.
7. Vencido el plazo, un jurado invitado elegirá cada mes al
texto ganador y dos menciones especiales. Los tres textos seleccionados serán
publicados en la Internacional Microcuentista. Los resultados se darán a
conocer en el transcurso del mes siguiente.
8. A fin del 2015, la Internacional Microcuentista elaborará
un calendario digital, de distribución gratuita, que contendrá las doce
imágenes con los doce textos ganadores. También podrá imprimirse en papel.
9. El envío de trabajos implica la aceptación total de estas
bases y la eventual inclusión de su microrrelato en el "Calendario
Microcuentista 2016".
10. Las microficciones que no cumplan con estas Bases no
serán tenidas en cuenta para el concurso.
La imagen correspondiente al mes de agosto de 2015 es del
fotógrafo de naturaleza Enrique Ramírez.
Los invitamos a
participar dejando sus textos como comentario.¡Anímense!

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ResponderEliminarMENUDA INVASIÓN EXTRATERRESTRE
ResponderEliminarDespojadas de sus feéricos disfraces, empezaron por las rosas.
©Mariángeles Abelli Bonardi
(Neuquén, Patagonia Argentina)
18 de Agosto de 2015
DIANA
ResponderEliminar¡Mira que ir a caer con la espina justo ahí!
PRÍNCIPE VERDE
ResponderEliminarConvencido de ser el protagonista del cuento que, siendo pequeño, le contaba la abuela batracia, allí se pasaba el día, sobre una rama esperando el beso de la princesa de sus sueños.
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ResponderEliminarEspionaje
ResponderEliminarHacerse pasar por un reptil fue más fácil que ser un lindo gato. Trabajaba tranquilo y se evitaba los achuchones de Christoph.
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ResponderEliminarNO HAY ROSA SIN SU ESPINA.
ResponderEliminarTras el brillante papel que envolvía el enorme y fragante ramo de rosas, con las que le mostraba su amor, se escondían las espinas de la desconfianza.
Recostado en un tallo se adivinaba el verde monstruo de los celos que acabaría separándolos.
ADN
ResponderEliminarElla no quería un ramo, un pétalo le bastaba; le había dicho.
NIÑOS CRUELES
ResponderEliminarPor agua y por fuego habían perecido las otras. Antes que la cabeza, prefirió perder la cola y huyó, verde entre el verde, a camuflarse en el rosal.
©Mariángeles Abelli Bonardi
(Neuquén, Patagonia Argentina)
19 de Agosto de 2015
Soy reverde porque el mundo me ha hecho así
ResponderEliminarY tú cuanto más me insultas más inmaduro y yo, más adulta.
DESENCANTADO
ResponderEliminarNo le podría mentir a ésos, sus grandes ojos, mientras exhalaba por última vez sobre mi mano. Descansa en paz amado mío, tu hijo cargará en sus hombros la culpa de la inocencia, para él eras sólo una reptil, una diana.
MODELO DE PORTADA.
ResponderEliminarMuéstrame tu mejor perfil. Así. Muy bien. Sonríe. Sonríe más. Quieto, no te muevas. Mantén la postura. Perfecto. Los tonos verdes te favorecen, iluminan tu mirada. Muy bien, ya casi estamos. Vuélvete. Mira al frente. Disparo unas cuantas más. Vamos a conseguir una gran portada. Ya puedes relajarte. Gracias. Es un placer trabajar contigo.
LAGARTO
ResponderEliminarSe distrae con el vuelo de una mosca.
Amistades peligrosas
ResponderEliminar¡Lagarto, lagarto!, farfulló la mosca cojonera cruzando sus alas. Fue inútil, la lengua viperina del saurio hizo el resto.
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ResponderEliminarLa nuera
ResponderEliminar—¡No te lo vas a creer…! —chilló Julio derramando la jarra de cerveza sobre las palomitas—. ¡Acabo de recibir un whatsapp de mi madre!
—¿Y qué se cuenta? —pregunté aburrida. La peli que nos habíamos descargado, la verdad, era un coñazo. Y las palomitas estaban demasiado saladas.
—¿Cómo que qué se cuenta? —masculló, mirándome desconfiado. Qué bien me conoce—. ¿Sabías que tenía móvil?
Como cuando nos casamos nos prometimos decirnos siempre la verdad, tuve que confesarle que se lo había regalado yo por su santo.
Santa Ofidia.
Y sí; la foto de perfil también la había elegido yo.
ORGULLOSA HEREDERA
ResponderEliminarSu mirada desafiante y altanera, parecía decirme que me sintiera orgulloso por aquel encuentro ante ese pequeño reptil, pero gran testigo y heredero de una extinta y poderosa especie.
Lejos de asustarse, se subió a mi mano sin dejar de mirarme.
Emulando a Rick le dije: “presiento que este es el principio de una gran amistad”
Desde entonces Rick, mi preciosa lagartija, viaja conmigo aferrada a mi pecho izquierdo, desafiando a los que llevan un cocodrilo de tela cosido en similar ubicación.
DE QUITA Y PON
ResponderEliminarAyer capturé el lagarto magenta que estaba en el techo del comedor; llevaba varios días junto a la lámpara. Aguardaba a que los insectos se aproximaran a la luz del plafón para cazarlos. No había cambiado de posición en todo este tiempo, incluso llegué a pensar que era un juguete adherido. Utilicé mi bastón para hacerlo caer en el interior de una caja de cartón. Exclamó como un humano y, una vez apresado, tarareó canciones de los Beatles. Mientras le hacía unos agujerillos en la caja para que respirara mejor, una velluda tarántula amarilla ocupaba su lugar en el techo.
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ResponderEliminarLa glándula de Ícaro
ResponderEliminarLa naturaleza dotó con la glándula de Ícaro, que nos hace proclives a lanzarnos hacia el sol, a una criatura condenada a arrastrarse.
El tigre no es como lo pintan
ResponderEliminarPara Enrique García
El sol de la tarde cae sobre el bosque. Una familia de jilgueros amarillos va de un árbol a otro, cantando, sin darle importancia al cadáver que yace sobre la hojarasca. En sus ojos muy abiertos ha quedado impreso el terror. En su pecho, la huella roja de una zarpa. En la pantalla de la cámara a la que todavía se aferra, la imagen de una pequeña lagartija verde lo mira, antes de saltar.
Carlos Castillo Quintero
carjoscas@yahoo.es
Teñirse de rojo
ResponderEliminarSiempre viste de verde. Ha visto a sus parientes usar el naranja y algunas más el rojo, como trajes multicolores. Se ha preguntado, al verse sobre la superficie cristalina que tiene en frente, ¿y si no me gusta el verde? Y piensa entonces en un método adecuado para remediarlo; ¿bastará con pedírselos prestados o habrá que quitárselos a regañadientes? Intenta hacer lo primero, sin éxito. Se abalanza entonces, con la parte delantera afilada dispuesta a hurtar, arrancándole la piel y tiñéndose de rojo. Unas gotitas de sangre le escurren, pero nada que no pueda disimularse.
Daniel Centeno
dmh.centeno@gmail.com
EL CORTEJO
ResponderEliminarEn celo paso por tu lado. Me presientes. El rosal me protege mientras te espero para que una quimera se haga realidad. Te observo. Con tus mejores galas intimidas a otros machos y cuando del duelo salgas vencedor, vendrás a copular.
ORGULLOSA
ResponderEliminarMi macho se está peleando por mi.
A LA HORA DE LA SIESTA
ResponderEliminarNo ha habido a lo largo de mis setenta años una sola circunstancia que me haya provocado un insomnio a la hora de la siesta. Era comer y caer dormido. Solo si Chelito me miraba con el rabillo del ojo, traicionaba yo mi sueño por sus promesas. El caso es que desde hace algunos días, cuando me dispongo a sestear, una lagartija aparece y me mira con el rabillo del ojo, como Chelito. Pero por más que la corto en pedacitos, como a ella, el bicho vuelve y me mira de reojo y eso me está quitando el sueño.
María Fraile
Para no olvidar
ResponderEliminar— ¡Hazme una foto rápido. Que viene la princesa a besarme!—
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ResponderEliminarESPINAS NADA MÁS
ResponderEliminarSu alteza resignada deja que los suspiros se le escapen, mientras persigue con su mirada a la libélula de su carnívora ilusión.
Guillermo Arnul Castillo Ruiz
PEQUEÑO REPTIL
ResponderEliminarNos miramos y nos asustamos uno del otro. Yo di un salto hacia atrás, él se camufló sobre una rama de su mismo color.
INDEFENSO
ResponderEliminarDesamparado te amarras a la rama espinosa. Sabes que la mayoría de nuestra especie intentará atacarte. Sabes que debes estar a la defensiva.
CICLOS DE LA VIDA
ResponderEliminarObservas a tu alrededor, esperas paciente, tu corazón late al ver la presa. Preparas tu lengua veloz y la atrapas. Descansas sobre la rama, esperas paciente, tu corazón late al ver otra presa y nuevamente tu lengua veloz atrapa siguiente.
ALIEN CAUTIVO
ResponderEliminarSu mirada me taladra, desafiante y feroz. Nunca comprenderá que lo mantengo encerrado por su bien: fuera, mis congéneres ya lo habrían devorado. El odio solo afloja por las noches; en cuanto entro en su cubículo no puede luchar contra su instinto. Recorre con sus escamas mi blanca piel hambrienta de escalofríos. Copulamos toda la noche y el placer le deja exhausto, sin fuerzas para escapar. Cuando despierta, yo ya estoy fuera, él sigue dentro. Vuelven esos ojos cargados de odio infinito. La rabia que palpita en su papada es el reloj que mide su cautiverio y castiga mi deseo.
POSADO MOLTO VIVACE
ResponderEliminarPizpireta lagartija, rápida y vivaz cuando te mueves. Hierática figura en tu quietud, propia de maniquí profesional y modelo de gran pintor.
Codiciada por estos e imitadas por los otros. Al contemplarte evoco una enigmática sonrisa y una interesada mirada, curiosamente familiares.
¡Ya!... ¿Fuiste tú quien adiestró a Mona Lisa?
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ResponderEliminar“QUIMERAS”
ResponderEliminar–Déjame ser el camafeo que adorne tu solapa –le dijo el saurio. –No encontrarás una rosa que luzca ni dure más que mi sonrisa.
–No sé, no estoy segura -contestó la bella… –quizás si fueras una rana de sangre azul…
Moraleja: no pongas esperanzas donde no puede haber más que fantasías.
Lengua suelta
ResponderEliminarSiempre que habla se va por las ramas.
Deseo
ResponderEliminar—Si la oruga puede, yo también —pensó el lagarto. Entonces cerró los ojos, contó hasta tres y se convirtió en dragón.
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ResponderEliminar“LAGARTA, LAGARTA”
ResponderEliminarEra el animal más bello del mundo. Entre bambalinas, focos, cámaras y candilejas, siempre mostraba su mejor perfil y todos sucumbieron a su gélida sonrisa, su sangre fría y su mirada de hielo.
INFORMES GALACTICOS.
ResponderEliminarEstratégicamente camuflado, el Teniente Sturg de la Milicia Exterior del Planeta Xnoq tenía como objetivo la transmisión de datos referidos a los usos y costumbres de los seres inteligentes de ese planeta azul encontrado a 50.000 millones de años luz. En el Estado Mayor de su ejército recibieron sus informes y conocieron de la nobleza de los Perros, de la inteligencia de los Gatos, del trabajo de las Hormigas y de la organización de las Abejas. Pero no supieron entender la utilidad de esos animales que se llamaban Humanos y decían ser la Cima de la Creación.
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ResponderEliminar—Mirá, vieja, qué lindo que está el cielo esta noche. Mirá cuántas estrellas que hay. Me pregunto si habrá planetas en esas estrellas. Y de haber, ¿alguno será habitable? Sueño con el día en que nos vayamos de acá y nos asentemos de una vez por todas en otro mundo más grande y más limpio.
ResponderEliminar—Ojo con lo que soñás, viejo; no te olvides que la última vez que mandamos gente a otro lado un meteorito los borró a todos, eh.
EL OTOÑO QUE VIENE.
ResponderEliminarDías finales del verano.
Pequeñas piedras irregulares separan la zona verde del jardín del sendero de grava que conduce al porche de la casa de madera. Hay un banco de hierro humedecido por las primeras gotas de rocío de la mañana. A su lado, sobre el césped, las hojas rotas de tu última carta recibida. “Estimado Vicente… estos días de separación… recordaré el tiempo pasado… que nuestra amistad permanezca…”
Una lagartija verde, con movimientos nerviosos, entra y sale, sube y baja por las espinosas ramas de los rosales casi marchitos.
El otoño que viene.
Otro espejo
ResponderEliminarLa reina Malvada abandonó el palacio para cruzarse en el camino de Blanca Nieves. Sorprendida quedó cuando, apoyada en un rosal, vio su imagen reflejada en la laguna. Aun convertida en rana, levantó la cabeza orgullosa, ¡seguía siendo la más hermosa!
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ResponderEliminarCruel despedida
ResponderEliminarAnte su atenta mirada, leí en silencio el último capítulo. Cerré el libro, lo guardé en la maleta y me fui sin decirle quién era el asesino.
Deseo cumplido
ResponderEliminarVislumbrando un destino de amantes edulcorados y ornamentos artificiales, tan pronto como vio al genio, la pequeña flor desplegó su insistente súplica: “¡Quiero ser lagartija!, ¡quiero ser lagartija!, ¡quiero ser lagartija!”.
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ResponderEliminarLA VERDAD SOBRE JORGE DE CAPADOCIA
ResponderEliminarDesde hace siglos, la verdad se ha transmitido de padres a hijos: Jorge de Capadocia no abatió a ningún temible dragón, sino a un insignificante lagarto. ¿Que por qué hemos mantenido en silencio esta verdad? Porque nos llenaba de orgullo que hubieran confundido a uno de los nuestros con un dragón escupefuego.
Extinción
ResponderEliminarCansada de fantasear entre ronquido y ronquido, mató el tiempo contándole los lunares de la espalda. Y la volvió a asaltar la misma horrible sensación: la de reptar como una lagartija sobre un tallo colmado de espinas, sin poder atrapar al insecto. Así, que decidió terminar con la tortura. Cavó un hoyo en la tierra, se metió, y jamás salió de él.
METEMPSICOSIS
ResponderEliminarHabía sido campesino en las riberas del Sind, había sido soldado en un batallón de Jaipur, había sido sacerdote en Amritsar y monje en los Himalayas, había sido comerciante en la bulliciosa Mumbai, había sido político en Delhi. No lograba entender por qué se había reencarnado en un repulsivo lagarto.
MOSQUITA MUERTA
ResponderEliminarNo me mires así que parece que nunca has roto un plato. Sé muy bien que te la has zampado. ¿Qué culpa tenía la pobre?, ella tan sólo quería descansar después de un acrobático vuelo. A mí no te me disculpes así.
AL TÉRMINO DE LA CATÁSTROFE
ResponderEliminarFue al término de la catástrofe, cuando la tierra quedó cubierta de cadáveres, que el único ser que permaneció con vida, una insignificante lagartija, se encaramó al tallo de un rosal que quedó intacto para recibir, desde el mejor ángulo posible, los deliciosos rayos de un sol, que a partir de ese momento, sólo luciría para ella.
UNO DE ELLOS
ResponderEliminarLlevo años persiguiéndoles por todo el planeta. Están en todos sitios. Dominan la Tierra. Hace unas pocas semanas, descubrí una verdad terrible: yo era uno de ellos. En principio, no podía creerlo. Sentí desesperación, abatimiento, asco. Poco a poco, lo comprendí. Todo había sido desde el principio parte de un plan sombrío. Sólo trataban de desprestigiar a los que les persiguen. A pesar de saber que soy uno de ellos, sigo odiándoles. Espero que mi muerte sirva al menos para que la humanidad se conciencie del peligro que suponen los reptilianos.
Obsesión
ResponderEliminarDe pronto tuvo la visión de sí misma como una criatura nueva, diferente. Caminaba erecta sobre dos extremidades mientras balanceaba otras dos. Su piel se había vuelto extraña, y sus ojos fríos y calculadores. La imagen fue tan real, que si no hubiese tenido sus patas bien aferradas a un ordinario tallo, habría dudado de lo que era, una vulgar lagartija. Quiso borrar la visión, pero no pudo.
Y pasó el resto de sus días cayendo al vacío y viendo su cola volver a crecer.
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ResponderEliminarSuperhéroe
ResponderEliminarEl día se esfumaba tras las horas en la quietud de la granja familiar... hasta que los vio: atónito y presumido, el solitario pavo real masculla su bronca frente a la feliz pareja de pequeños reptiles, él sin cola.
Mimetismo
ResponderEliminarRespiro profundo y camino entre las plantas, ejerciendo una libertad que tanto me costó conseguir. Pero lo descubro allí, agazapado. Su ojo vigía, su actitud censora, sus manos posesivas me recuerdan a quien vine a olvidar. En mi jardín no caben las sorpresas, me dije, y estampé el canto de la pala sobre su verde existencia.
Síndrome postvacacional
ResponderEliminarOigo el pitido del móvil. Toco la pantalla y recibo una foto de la lagartija que pernoctaba en el rosal del hotel. Dos días atrás la habría encontrado graciosa. Hoy veo un bicharraco verde y desconsiderado que me mira desafiante con un ojo, mientras disfruta con el otro del paisaje de la playa. Su socarronería me recuerda que sigue allí, en cambio yo… Toca deshacer maletas. Se acabó. Mañana, ellos volverán al cole. Yo, al trabajo. Papeles. Dieta. Otoño y esa voz que insiste: ¡Mamá, he puesto en Facebook la foto de la lagartija, dale a “Me gusta”!
Anfibio
ResponderEliminarSu alma anfibia le permitía sobrevivir en tierra o agua. Pero cuando llegó ella, volando sin alas, se quedó embelesado contemplándola. Dejó atrás la seguridad de sujetarse a las ramas, la libertad de atravesar pantanos, y se inventó que sabía volar. Pero no. Nunca había aprendido.
Mutación
ResponderEliminarUna mañana al despertar vio que sus uñas estaban tornándose verdes. No le dio importancia. Pero cuando días después, el fenómeno le llegaba hasta los codos y las rodillas, se alarmó y consultó a los médicos. Le recetaron reposo y tranquilidad, remedios que su agitada vida no le permitían adoptar. Continuó con sus frenéticas ocupaciones y horarios. El verde terminó alcanzando su corazón. Desde entonces no le permiten entrar a la oficina y sus amigos no le reconocen cuando se lo cruzan por la calle. No le importa. Hay que ver lo sabrosos que son los insectos del parque.
Escalones evolutivos
ResponderEliminarCuando yo era tu chica de los ojos marrones, no te habían crecido aún los largos dedos verdes y tu lengua no era bífida. No habías aprendido a camuflarte, ni a pegar sin dejar marcas. Yo no me había bajado aún de los arcoíris y rodábamos riendo por la hierba húmeda. Cuando lo menciono, dices que la gente evoluciona sacando a relucir tus crueles uñas nuevas. Yo, con mis largas y asustadizas orejas y la capacidad de correr como galgo, huyo al percibir tu ira. Pero no siempre lo consigo. Y entonces, bajamos un escalón más.
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ResponderEliminarSaurus Rex
ResponderEliminarHabía sido una de las pocas especies en sobrevivir al cambio climático y a la atrocidad con la que el humano devoraba incansable cada raíz, cada aliento, cada vestigio del planeta.
Sobre una acacia espinosa, el lagarto se observaba a sí mismo en la lente de una cámara sin dueño. La imagen le estaba resultando fascinante, engordaba su ego avivando la nostalgia del pasado...
La era de los dinosaurios estaba a punto de resurgir.
Salió rana
ResponderEliminarErase una vez un batracio vanidoso que quiso lucir sus encantos por doquier, así que se apostó en un rosal lleno de espinas `para ahuyentar a los depredadores. Pero tuvo el infortunio de que unas culebras pacientes se arremolinaron a sus pies, dejando al presumido sin escapatoria. Con el sol y el hambre se ajó su piel, perdió fuerzas y cayó, acabando en las mandíbulas de los ofidios. La abuelita del finado, lloró aquel triste final y con su inteligencia batracia dejó claro lo que pensaba sobre la belleza.
-Donde esté lo útil que se quite lo superfluo.
El niño de la calle
ResponderEliminarTengo una obsesión metida en la cabeza: yo soy un lagarto. Lo sé porque tengo escamas en la piel, las uñas afiladas como garras y paso horas al sol para entrar en calor. Mi mamá se ríe cuando se lo cuento, pero algo hay, porque yo sé que a ella la llaman en el barrio nada menos que “la laqartona”.
Por si las moscas
ResponderEliminarDespués de lo que le pasó al tío Pepe, el hecho de ser asmático al tiempo que un enemigo acérrimo de los bichos le resultó fatal a la larga, nadie en nuestra familia volvió a manipular un insecticida. Ni lerdos ni perezosos, los insectos, especialmente arañas y cucarachas, aprovecharon entonces para pulular a sus anchas en cada rincón de la casa. Largo rato luchamos con chancletas y matamoscas, pero la solución final la debemos a las lagartijas que adoptó la abuela Nina. Quizás ahora haga falta un gato. Pero eso sí, no repta ni una mosca.
MOSQUITA MUERTA
ResponderEliminarNo me mires así que parece que nunca has roto un plato. Sé muy bien que te la has zampado. ¿Qué culpa tenía la pobre?, ella tan sólo quería descansar después de un acrobático vuelo. A mí no te me disculpes así
Instantánea
ResponderEliminarObserva. Realza el verde nítido de su traje de gala recién estrenado. Desenfoca el fondo sutil, abstracto, tenue, vano. Abre el diafragma con la precaución de que prevalezca cada espina, clara, cristalina, afilada, todavía limpia de sangre, antes del disparo.