Comité Editorial

3 de agosto de 2015

Laberinto.

        Una vez en el laberinto, llegó un momento en que tuve la impresión de que me cruzaba repetidamente conmigo mismo, de que yo era el otro, dentro y fuera de mí, hasta que, desconcertado, elegí quedarme un rato quieto en un punto, en la eventualidad de que pudiera recobrar mis sentidos, y entonces fue cuando me vi, con espanto, pasar por otra de las sendas equivocadas y sin salida.

Timossi, Jorge, Cuentecillos y otras alteraciones, Océano, 2002

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios anónimos serán eliminados. Gracias por su comprensión.