La reina Juliana no sale de su asombro. Hasta donde ella sabe, Dios Todopoderoso encargó a los de su apellido dirigir los destinos de Holanda. El mundo ha girado, para mal, desde entonces. Los hombrecillos han construido sus parlamentos y sus sistemas judiciales limitando su poder. Pero una cosa es esa y otra que pretendan someterla a su voluntad.
Su marido, Guillermo, ha cobrado más de un millón de euros de la empresa Lockheed Martin por adquirir sus aviones con presupuesto estatal. ¿Y qué querían? No les rendían tributos ni les permitían hacer la guerra para obtener recursos. No les permitían decidir cómo emplear los impuestos. Apenas les concedían una asignación indigna de un rey. Su marido tenía perfecto derecho a buscar ingresos. Faltaría más que la realeza tuviera que andar dando explicaciones a los hombrecillos porque se atreven a publicar las cartas que demuestran el soborno.
Este 26 de Agosto de 1976 la reina tiene que aparecer en televisión para advertírselo: o dejáis en paz a mi marido, u os olvidáis de tener reina. Ya se lo explicáis vosotros a Dios Todopoderoso. Bastante ha cedido ya que conceder a los hombrecillos para que, encima, anden molestando.
Hay momentos que comprimen el total de la historia y de sus protagonistas, de la misma manera que Beatriz Alonso Aranzabal y Fernando Iwasaki resumen la realidad y la ficción y sus microrrelatos. O Juan Pedro Aparicio, en su libro London Calling, que comentaremos esta semana.
Me alegra encontrarme en el mismo párrafo con Juan Pedro Aparicio, quien tuvo la gentileza de presentar mi libro en La Casa del Lector. Gracias!!!
ResponderEliminar