A menudo la encuentras haciendo cola en el banco, en el supermercado o en la parada del autobús. Mientras espera, habla con los que están delante y con los de detrás. Se queja, como todos, de que su fila va más lenta, de que no tiene todo el día. Pero cuando está a punto de llegar su turno, se sale distraídamente para coger un paquete de chicles, o para ojear el folleto de algún seguro antirrobo y luego, con disimulo, vuelve a ponerse al final. Así pasa la mayor parte de sus horas, convenciéndose de que tiene mucha prisa, muchas cosas por hacer y poco tiempo libre. Y sólo así consigue, a veces, olvidarse de que está tan sola.
María José Barrios: Cuentos mínimos. Ayuntamiento de Málaga. Colección Monosabio, 6. Málaga, 2009.

No deja de ser un buen método, como cualquier otro, para "pasar el tiempo".
ResponderEliminarEl auténtico "tiempo muerto".
Buen cuento. Saludos.
qué buen micro. Felicidades.
ResponderEliminarBesicos muchos.
La soledad, esa terrible lacra.
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