Comité Editorial
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16 de diciembre de 2015
Carmen de la Rosa y su Acordeón
Después de haber obtenido el primer lugar en diversos certámenes de microrrelatos como el I Concurso de Relatos Breves “Mujer del Ayuntamiento de Santa Cruz” y I Concurso de Microrrelatos CFE, además de otras distinciones relacionadas a la narrativa brevísima, Carmen de la Rosa nos entrega su primera creatura titulada Acordeón (Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea, 2014), un conjunto de microrrelatos donde se infiltran dos cuentos.
Este último aspecto es sumamente relevante en Acordeón, pues acredita que su autora no solo conoce el oficio del miniaturista, microrrelatista o minificcionista, sino el oficio del verdadero escritor. En algunas ocasiones, diversos críticos e incluso escritores han banalizado el oficio del creador de universos brevísimos por considerarlo de “poco aliento” o “corto calibre”; no obstante, Carmen de la Rosa nos demuestra con “Acordeón” y “Decimonónico ruso” que el oficio del cuentista no le es ajeno ni desconocido.
Es interesante la estructura del libro, que además de presentar algunas ilustraciones de Irene León que acompaña algunos textos, inicia y finaliza con los cuentos anteriormente referidos, respectivamente. ¿Acaso Carmen de la Rosa nos enfrenta ante la dicotomía de la extensión textual?
Por otra parte, los microrrelatos insertados en este libro presentan diversos registros: fantásticos, metaficcionales e irónicos, fundamentalmente. Entre los primeros resaltan “Convivencia”, “Hibridación”, “Insurrección”, “Conjuro” y “Mi perro y yo”. Este último microrrelato encandila a su lector al remarcar la relación entre una persona y su mascota, aunque estos roles son invertidos en la historia, permitiendo la humanización de la mascota y la trasformación en mascota de la persona.
El registro metaficcional se presenta en “Mal de páginas” y “Capítulo final”. El primer texto presenta a su escritor de microrrelatos que se desborda y escribe una novela, gana premios, es reconocido, su esposa olvida el divorcio y otras situaciones que logran arrancarle lágrimas y no de felicidad. Finalmente, el registro irónico está en “Cien pensionistas”, “Maridos de mamá” y “Niña sola”, los cuales complementan este registro a través de sus finales sorpresivos.
Si bien Acordeón apareció en 2014 y recién estas líneas de 2015 se atreven a auscultarla –porque demoró en cruzar el charco o porque el reseñista leyó muy despacio o porque el destino así lo prefirió-; no obstante, es un libro que mantendrá su vigencia en el universos de los mundos mínimos y cuando la crítica literaria especializada en microrrelatos se enfrente a este texto, no dudará en colocar a Carmen de la Rosa en uno de los lugares más prestigiosos del microrrelato español actual.

Muchas gracias, Rony Vásquez Guevara. Sin palabras me he quedado.
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