Partí en noviembre a Buenos Aires a presentar dos libros de Editorial Sherezade y como las casualidades existen, pude asistir también, en esos mismos días al Primer Coloquio de Microficción Argentina, organizado por la Internacional Microcuentista y el Centro PEN. Entre todas las cosas buenas que me traje de allá, venía un paquete abultado de libros de microficciones argentinas y peruanas que compré, recibí de regalo e intercambié con los amigos.
A partir de ahí me propuse hacer un comentario de cada libro que me traje, a medida que voy leyéndolos. Acá van mis avances
Los chicos crecen Martín Gardella (Editorial Macedonia, 2015)
Podríamos partir este comentario completando el título “los chicos crecen… y los libros también” y es que éste último libro de Gardella supera enormemente su trabajo anterior (sin desmerecer Instantáneas). Los chicos crecen es un libro que consta de ochenta y cinco textos (casi todos microficciones, a excepción de un par de cuentos breves) que se sujetan de un hilo conductor muy claro, muy llevadero, que permite al lector pasear por distintos temas, que al tratarse de modo consistente y desde distintas aristas, logran dos objetivos: entretener y proponer una reflexión en torno al tiempo y a la propia vida.
Entre los temas que se pueden encontrar en el libro de Gardella están el tiempo, que no solo se refiere al avanzar cronológico de la vida de los personajes, sino también a un tempo, a un avanzar interno, onírico e incluso místico. Son dos tópicos que van avanzando de manera paralela, mostrando a través de los personajes las diferencias que muchas veces marcan a los seres humanos; muchos de los personajes son muertos o fantasmas que hablan desde el más allá, son personajes que no se dieron cuenta cuando dejaron de ser niños para convertirse en adultos (por ejemplo, “El pasatiempo”), son personajes que añoran volver atrás o que se quedaron anclados a un pasado remoto con el cual aún mantienen deudas. El libro también toca el tema de las ilusiones, así como muestra personajes resignados, muchas veces viviendo la vida que otros quieren que ellos vivan, también muestra sujetos esperanzados, que aún mantienen las ilusiones en un sueño o en algo mejor de lo que están pasando. Son viejos niños, son muertos con proyecciones de vida, son magos locos, personajes que llevan consigo dos vidas, dos personalidades.
En contraposición a la ambigüedad del tiempo y a lo intangible de las ilusiones, Gardella se atreve a dar una línea más de lectura mucho más tangible y certera: crímenes in mente. Si bien los textos se van mezclados, se nota claramente una línea oscura (referida al género negro) donde los personajes matan, donde mueren en manos de otros que buscan venganza, que buscan saldar deudas, en manos de personajes que sienten placer a la hora de matar y que saben hacerlo.
Por último encontramos vampiros, magos, ánimas y una serie de personajes que se alojan en la fantasía, en lo onírico, donde también se aloja el amor (otro tema presente), un amor detenido en el tiempo, que busca cerrar capítulos.
Los chicos crecen deleita al lector con un buen uso del lenguaje, con precisión, con las intertextualidades necesarias (no abusivas) para que los textos adopten más riqueza de la que ya contienen. Es un libro conducido por adultos que aún tienen miedo a mirar bajo la cama, por niños que crecen con trabas y asuntos pendientes, por sujetos contenidos que invitan al lector a liberarlos o a correr el terrible riesgo de mirar(se) a través de ellos y escarbar en sus propia infancia, en su propio pasado, para evaluar si han crecido realmente, como éste libro

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