Comité Editorial

3 de marzo de 2016

Breve entrevista a Xavier Blanco

Xavier Blanco Luque nació en 1965 en Barcelona, lugar donde actualmente reside, pero es en Mataró (Barcelona) donde habitan su recuerdos de infancia y de juventud. Tienen tres hijos. Profesionalmente se dedica a eso que llaman Recursos Humanos, pero lo que más le gusta es escribir. Desde el año 2011 mantiene su Blog Caleidoscopio. Sus microrrelatos han sido incluidos en varias antologías y recopilatorios, entre ellas “De antología: la logia del microrrelato¨ (Ed. Talentura, 2013) y “Despojos del Rec” (Bombín rojo, 2014). “Todo es mentira.Y sin embargo” (Ed, Talentura 2015) es su primer libro de microrrelatos.

IM: Caleidoscopio, tu blog personal, tiene publicaciones desde el 2010. Tu mayor actividad fue en 2012 y paulatinamente has ido disminuyendo la periodicidad de publicación año a año. Más allá de la tendencia decreciente del formato blog, ¿a qué atribuyes este fenómeno particularmente contigo?
XB: Creo que ser bloguero es una actitud, una manera de enfrentarse al mundo que nos rodea, requiere una forma de mirar, de relacionarse, un lenguaje, y sobre todo requiere tiempo y dedicación. El blog te obliga. Yo no soy bloguero, soy escritor, y utilicé el Blog para compartir lo que escribo, para encontrar un camino rápido por el que llegar al lector. También me sirvió para conocer a otros que comparten conmigo este vicio de las palabras. Y sobre todo me sirvió para aprender. Ahora está en estado de letargo, en invierno. Quizás solo en barbecho. Las razones son varias, aunque algunas seguro que suenan a excusa. Creo que la principal es la obligación, llegó un momento que el blog se impuso sobre la escritura, también sobre la lectura, y se convirtió en un fin en sí mismo. El disfrutar pasó a ser un deber, y entré en una espiral sin fin: escribir, publicar, comentar, responder…, -sin parar- y cuando estás ahí hay que tomar una decisión, y hasta la fecha no he sido capaz de encontrar un punto intermedio. Tampoco de cerrarlo definitivamente. Luego están los hijos, los amigos, el trabajo, el libro. El blog te interioriza, te hace vivir en un espejismo, en el que lo virtual se convierte en real, pero no lo es. Te atrapa. Y sobre todo el tiempo, que se escapa como si fuera un galgo corriendo tras un conejo de trapo. Le debo mucho a mi blog Caleidoscopio, para ser sinceros le debo todo. Gracias al Blog he publicado mi primer libro, esa disciplina que el Blog impone es la que me llevó a escribir sin parar, y de una selección de esos textos nació “Todo es mentira. Y sin embargo”. El libro me ha ayudado a reactivarlo, pero ahora cumple otra función, diferente a la que lo vio nacer, ya no hay intercambio, solo es un escaparate. 

IM: Cuéntales a nuestros lectores qué encontrarán en Todo es mentira. Y sin embargo. 
XB: Encontrarán 105 microrrelatos que hablan de la vida, de la gente, de los sentimientos, pero también hablan de la necesidad de creer en la imaginación, de regresar a la magia y de este mundo que nos rodea. Hablan de la verdad y de la mentira. La literatura es mentira. Escribir nos permite burlarnos de la realidad, crear nuestras propias normas y engañar sin que nadie nos pida explicaciones. La mentira es anterior a la verdad, el origen de todo. Los seres humanos tenemos una irresistible fascinación por la mentira y por el engaño. Nos gusta creer que es verdad lo que saca el mago de la chistera, porque sabemos que es mentira. Si fuera verdad nos daría pánico. Necesitamos creer que la muerte, el abandono, la locura, la vejez, el olvido, la maldad, o simplemente la estupidez, son mentira. Pero también necesitamos saber que existe la fe, el poder, la seguridad, las normas y esa comodidad que nos da la hipocresía, para apuntalar la verdad. Nuestra verdad. Pero todo lo que es mentira puede ser cierto, y a su vez la mentira puede ser la única tabla que nos salve del naufragio. Los 105 microrrelatos que conforman “Todo es mentira. Y sin embargo” hablan de todo ello. Los lectores también encontrarán seis magníficas ilustraciones de Fernando Martínez, una para cada uno de los apartados en los que está dividido el libro. Y además, podrán disfrutar de los prólogos –uno para cada apartado- escritos por: Migueángel Flores, Susana Camps, Mònica Sempere, Fernando Martínez, Mar Horno y Xesc López. 

IM: Xavier, has sido reconocido en importantes certámenes del género. Queremos saber si los textos con los que fuiste premiado fueron estrictamente elegidos para x o y certamen o te diste la licencia de adaptar algún texto que tenías escrito previamente. 
XB: En la mayoría de los casos he creado esos textos para participar en esos concursos. De forma excepcional algún texto, especialmente en aquellos concursos con imposiciones formales (número de palabras, frases de inicio, o palabras obligatorias), ha sido reescrito para otros concursos. Hay muchos autores que huyen de los concursos, que los critican sin medida, en mi caso fueron siempre un reto, un punto de inicio, un acicate para escribir. Y estoy realmente satisfecho de ello, tanto que los echo de menos, y cualquier día, en un momento de debilidad, igual regreso. Eso sí, creo que pueden llegar a ser adictivos, y como ocurre con los blogs, pueden acaban convirtiéndose en una obligación, y lo que es peor, en una vara interior de medir nuestra calidad como escritores -nada más lejos de la realidad-. Siempre hay que escribir para disfrutar, para contar, nunca para concursar. 

IM: Tenemos que aceptar que los blogs, o por lo menos el formato que conocimos años atrás, está condenado a la extinción. ¿Por qué crees que los autores continúan teniendo al aire sus espacios digitales si no lo actualizan? ¿Estamos ante un fenómeno de apego digital? ¿Es la nostalgia el sustantivo preferido de los microrrelatistas nacidos en la red? 
XB: Soy un defensor de los Blogs literarios. Los blogs han sido un gran aliado para la promoción de muchos microrrelatistas, que posteriormente han visto sus textos en papel, sin ellos la consolidación del género breve no hubiera sido posible. Creo que mi experiencia personal es extrapolable a otros, le debemos mucho a nuestros blogs, y no me refiero solo a publicar en papel. Hemos disfrutado escribiendo y compartiendo nuestros textos; hemos hecho muy buenos amigos; hemos aprendido, de todo y de todos, y en algunos casos el blog nos ha posibilitado poner en marcha otros proyectos literarios. El problema principal es que no somos capaces de encontrar un punto intermedio, y sobre todo somos unos románticos, e incapaces de escribir la palabra FIN. Seguro que hay otras razones, al principio todos buscamos ese intercambio necesario con el lector, pero el entorno virtual es demasiado superficial, demasiado efímero, y ese intercambio, imprescindible cuando comienzas, es demasiado falaz, y llega un momento que ya no cumple ese cometido, que ya no hay intercambio, solo agasajo. También ha habido un desplazamiento de formatos, especialmente un trasvase a Facebook, se ha sustituido la casa propia, que representa el Blog, por la plaza del pueblo que representa Facebook. Pero Facebook es muy impersonal, hay demasiado ruido y todo va demasiado deprisa. ¿Cómo podemos huir de ello? Son los tiempos de todo ya y todo ahora. Hay cambios estructurales, la literatura deja de ser algo individual, una relación íntima entre el autor y el lector, y pasa a ser una experiencia colectiva. El mundo digital se muta constantemente, no es imposible predecir que sucederá con estos espacios, pero un nuevo formato que uniera blogs i facebook sería, a mi parecer, un acicate para una segunda Generación Blogger. Veo por ahí nuevos blogs, nuevos autores y mucha calidad. 

IM: España es una cuna incuestionable de autores dedicados con prolijidad y maestría al género. ¿Cuál es la razón para que en tu país suceda eso y en América Latina la difusión del género se limite generalmente a México y Argentina? ¿Qué le falta a nuestros países para estar a la altura de los mejores? 
XB: No comparto esa percepción, seguramente porque desde esta parte del Atlántico todavía pervive la mala costumbre de contemplar lo latinoamericano como un todo. Los nombres de Eduardo Berti, Ana Mª Shua, Luisa Valenzuela o Raúl Brasca, están en la mente de cualquier microrrelatista. Son referentes. Espejos en los que mirarnos. Es cierto que en España, la eclosión del género es más reciente, muchos autores y de mucha calidad. Sin entrar en terrenos pantanosos, creo que hay razones históricas, cuando Borges, Cortázar, Arreola, Monterroso, Valadés o Casares, por poner algunos ejemplos, situaron lo breve en el Olimpo de la literatura, España permanecía en letargo, eran tiempos oscuros de Dictadura y represión. Lo breve tiene que ver, desde el punto de vista literario, con la experimentación, con romper reglas, con lo nuevo, y la literatura no puede disociarse del entorno. Hemos llegado tarde, pero hemos llegado con fuerza. Hay otros factores que han posibilitado la popularización del género: el uso de la red, especialmente el blog, como espacio de intercambio y conocimiento; el número de concursos dedicados al microrrelato (Relatos en Cadena SER, Wonderland Rne, la Microbiblioteca, etc.), los clubs de lectura, los cursos especializados ( Escuela de Escritores, Taller de escritura Creativa Clara Obligado (Madrid), o la Escola de l’Ateneu (Barcelona) y especialmente la apuesta heroica de editoriales especializadas en lo breve (Menoscuarto, Páginas de espuma, Talentura Libros…), que han llevado lo breve a las librerías. 

IM: Compártenos el microrrelato de tu autoría favorito. ¿Cuál es ese texto de Xavier Blanco que los lectores de La Ínter no se pueden perder? 
XB:  Es difícil elegir un solo texto, he elegido dos, el primero pertenece a mi serie de microrrelatos de circo, y fue incluido, por votación de los lectores, entre los mejores micros del año 2011 (una iniciativa de la Internacional Microcuentista), y posteriormente publicado en el Volumen XV (junio 2012) de la Revista PERIPLO. Este fue el primer microrrelato de mi autoría que trascendió más allá de mi círculo más cercano. 

EL CIRCO DE LOS RECUERDOS 
     El circo emergía cuando el verano angostaba. Aparecía sin música ni elefantes. No había magia, tampoco equilibristas. El público acarreaba sus propias sillas hasta la plaza y, como no tenía carpa ni pista que montar, la función se representaba en la calle. Los vecinos participaban facilitando los animales: una cabra, un conejo y un par de gallinas. Tío Anselmo, el gaitero, se soltaba con alguna salmodia, y Marcial, el alguacilillo, relataba historias tristes de otros tiempos. Nadie oficiaba de maestro de ceremonias y nunca se escucharon risas ni ovaciones. Decían que el mejor número era uno protagonizado por fantasmas, pero ningún ser humano pudo verlo. Las campanas tañían a muerto y, finalizada la función, la compañía se evaporaba. Sin música, sin aplausos, sin nada, y marchaban por el mismo camino por el que nunca vinieron. 

El segundo tiene mucho que ver con mi forma de entender la literatura: generar sensaciones, transmitir estados de ánimo, impulsos, impresiones, pero también decir que no me gusta el mundo en el que vivo, mis textos serán siempre un grito de denuncia, una forma de decir alto y claro que un mundo mejor es posible, que las palabras son un arma cargada de presente. 

DESHAUCIO 
     Una sombra trajeada recorre las estancias inventariando enseres: una mesa, tres niños, un oso de peluche, cuatro miradas perdidas... 
 La mujer sigue tendida en el suelo, pero ya no ofrece más resistencia que su mudez. Dos operarios vacían la vivienda. Después, cómo si la casa fuera una servilleta, doblan en cuatro las paredes desnudas, las introducen en un sobre y cierran el expediente. No queda nada, sólo el vacío pintado de gris, y allí, suspendidos en el aire, la mujer y los pequeños. Inmóviles. Cómo si el futuro no se hubiera dado por aludido. Cómo si los recuerdos murieran más tarde. 

Un libro: Opio en las nubes, de Rafael Chaparro 
Una película: El puente sobre el río Kwai, de David Lean 
Una comida: el arroz en general, la paella en particular 
Una ciudad: Barcelona, siempre. 
Un secreto: sigo buscando por todo el mundo números de “El cuento. Revista de imaginación”. Ya he conseguido más de 40 números. 
Una frivolidad: los relojes de pulsera. 
Un deseo: leer y escribir, todo el día, todos los días. 
Un amor platónico: todos 
Un recuerdo: el día que me reencontré con ella 
Un caleidoscopio: los ojos de mis tres hijos, llenos de risas. 

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