Por Gloria Ramírez Fermín
Miguel Antonio Lupián Soto (Ciudad de México, 1977). Cursó
el diplomado de “Literatura fantástica y ciencia ficción” en la Universidad del
Claustro de Sor Juana. Ex alumno de Sogem, de la EME y de la Universidad de
Miskatonic. Sus cuentos han sido traducidos al inglés, francés e italiano, y
publicados en revistas literarias y en diversas antologías. Es cofundador y
director de Penumbria, revista fantástica para leer en el ocaso. En su obra minificcional destacan Mortinatos
(Zona Literatura; Argentina, 2012), Trilogía Cthulhu
(KGB; México, 2013), La muerte chiquita
(Ediciones del Cruciforme; España, 2013), El visitante
(Parafernalia Ediciones Digitales; Nicaragua, 2014), El empalme de los gnomos
(Editorial Paraíso Perdido; México, 2015), Ephemeral (Folded Word Press;
Estados Unidos, 2015), Cantos de medianoche
(ArteSano Digital; México, 2015) e Historias de la vieja humeante
(proyecto en red, 2015 a la fecha).
Cuentas con seis libros de minificciones y varios textos breves
publicados en antologías y revistas de este mismo género. ¿Cómo y cuál fue tu primer encuentro con la minificción?
Fue en el diplomado de Literatura fantástica y ciencia
ficción (impartido por Ricardo Bernal), cuando estudiamos El libro de la
imaginación de Edmundo Valadés y El libro de lo insólito, de Beatriz
Álvarez Klein y Emiliano González. También los textos de Arreola y Torri. Todos
puntos de quiebre, pues en esa época comenzaba a experimentar con mi escritura
y tenía muchos problemas para deshacerme de la “paja”. Luego descubrí los
estudios de Violeta Rojo y la obra de Ana María Shua. Mas cuando vi lo que
estaba haciendo José Luis Zárate en Twitter, adopté esa plataforma como mi
principal centro de experimentación.
El tema en el que se desenvuelve tu obra es el género fantástico, que según tu visión incluye el terror, la ciencia ficción y lo
maravilloso. En tu caso, como escritor, ¿cómo logras crear la tensión y suspenso
característico de estos temas en unas cuantas líneas?
Esa definición de lo fantástico es muy amplia, pero suelo
utilizarla como primer acercamiento para los que quieren iniciarse en el tema.
Lograr esa tensión (y crear personajes memorables) en tan poco espacio son los
principales retos a los que se enfrenta la minificción en general. En mi caso,
acudo al lenguaje. Si encontramos las palabras precisas que proyecten el
sentimiento que queremos explotar, tendremos hecha la mitad de la tarea. La
otra mitad le corresponde al lector. Para ello, necesitamos engancharlo con
atisbos de la otra historia que creamos pero que no debemos contar, sólo
insinuar.
Por tu blog y por la revista que diriges, Penumbria, observamos que
dos de tus influencias más directas son el escritor norteamericano H. P.
Lovecraft y el mexicano Emiliano González, de quien retomas un cuento para dar
nombre a tu revista. Además de Cthulhu y la ciudad Penumbria creada por
González, ¿qué otras mitologías se encuentran en tu imaginario personal?
El horror cósmico es mi obsesión, tanto el explorado por
Lovecraft, como el de Dunsany, Machen, Blackwood, Hodgson, Chambers, Ashton
Smith, Ray, Lindqvist, Ligotti y el propio González, entre muchos otros. Y
aunque suelo recurrir a esa mitología de pesimismo existencial, intento
mezclarla con mis otras obsesiones (cine, música y gráfica) para obtener
imágenes que cuestionen mi propia realidad.
¿Qué diferencias encuentras -en la producción minificcional de lo fantástico- entre escritores norteamericanos, ingleses y latinoamericanos? ¿Crees que hay un tema característico de cada imaginario cultural?
Los temas varían de acuerdo con el contexto de cada lugar.
Por ejemplo, ahora en nuestros países existe una tendencia (necesaria) a la
denuncia política y social. La principal diferencia que encuentro es la
aceptación, tanto editorial como de la comunidad lectora/escritora. Mientras en
Estados Unidos encuentras libros hermosos como los tres volúmenes de TheTiny
Book of Tiny Stories o en Escocia premian colecciones como On the Edges of
Vision de Helen McClory, en México se sigue cuestionando si la minificción
es literatura. Y aunque existen muchos escritores ejerciéndola y algunos
esfuerzos editoriales, nos falta recorrer mucho camino.
Dentro de tu producción minificcional se puede notar que en Trilogía
Cthulhu (2013) hay una humanización del mismo Cthulhu, y en El visitante
(2014) parece que hay una alteridad entre el narrador y el protagonista: el
visitante. Ahora, en tus proyectos Ephemeral e Historias de la vieja
humeante, ¿cuál es tu propuesta?
Ephemeral
incluye doce minificciones que aparecieron en mi primer libro de cuentos, Efímera
(Samsara, 2011). La editora seleccionó las más “poéticas” (pues principalmente
editan poesía) y fueron traducidas por el poeta laureado Joseph Hutchison. En
el proyecto original exploré lo efímero de la brevedad (de ahí su nombre) y la
amplitud de lo fantástico. En Historias de la vieja humeante,
aprovechando que mi esposa (y co-fundadora de Penumbria) Ana Paula y yo ahora
vivimos en Edimburgo (ella estudiando una maestría y yo tomando cursos de
literatura), inicié un proyecto multimedia donde todos los días publico una
foto acompañada de una minificción. Las fotos son tomadas con mi teléfono
inteligente (intervenidas con filtros en blanco y negro) e intentan capturar
detalles que me permitan desarrollar historias relacionadas, sobre todo, con la
atmósfera sobrenatural que se respira en la ciudad; “foto-historias” que
publico directamente desde la aplicación móvil de Tumblr, con lo que pretendo,
paradójicamente, que el proceso sea más natural, evitando la edición excesiva
con la que suelo tratar mis demás textos. Hasta el momento llevo siete meses:
más de 200 minificciones.
En El empalme de los gnomos (2015) hallamos una serie de
microrrelatos que se pueden consolidar en un macrorrelato, o en una
micronovela, y, también hay un juego narrativo con varios géneros discursivos. De hecho, el conjunto de relatos
tiene giros interesantes a partir de esta dinámica. ¿Por qué decidiste hacerlo
de esta manera?
El
empalme de los gnomos empezó como un cuento “tradicional”
titulado “De relojes y botones”, que pretendía darle la vuelta al discurso de
que lo fantástico es un mero escape de la realidad. Para ello, mi personaje
principal se refugiaría en la cotidiana realidad para escapar de lo
extraordinario que le estaba ocurriendo. Como la estructura tradicional no me
permitía llegar a esos rincones que quería explorar, incorporé elementos como
sueños/pesadillas, letras de canciones, instructivos, cartas, etc., que, aunque
de primera instancia parecían fragmentarla, terminaron por darle mayor
cohesión.
La revista Penumbria contiene en sus antologías la participación de
varios escritores con relatos referidos a temáticas muy interesantes, sin
olvidar el género fantástico, como tópicos acerca de la infancia (#26), lo
invernal (#31), el amor (#32), entre otros. Ahora con el proyecto #minirp (rp:
Revista Penumbria), que lleva ya dos años, ¿cuál ha sido la recepción de
esta propuesta gráfica-narrativa?
Ambas dinámicas han sido bien recibidas. Por ejemplo, la
convocatoria de nuestro más reciente número (#33), dedicado a explorar las
voces femeninas, rompió récord de participación, con más de 100 cuentos. En
cuanto al #minirp (ejercicio de escritura digital alojado en Twitter que
pretende incentivar la creación de historias a partir de una ilustración que
proporcionamos semanalmente), la participación ha sido tan constante y
entusiasta (llevamos 104 ejercicios) que decidimos crearle una cuenta propia
para darle mayor seguimiento y difusión: @minirp_
Collage de intereses personales
Un libro: Los sueños de la bella durmiente de
Emiliano González
Un autor: H. P. Lovecraft
Una película: El laberinto del fauno
Un grupo: Motörhead
Una canción: “La razón que te demora”, de La Renga
Un animal: Gato (negro)
Una comida: Helado de vainilla
Una pesadilla: Quedarme ciego
Un ser fantástico: Cthulhu
Un deseo: Seguir escribiendo

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