Y le dice que si es así no hay válgame dios. Ese válgame no vale; valen otros; vale válgame pez y válgame remolacha. Lo que a él le parece extremo no llega a tal. Recurramos entonces a términos medios. Este zutano no entiende razones. Apela al diablo, quien viene con gusto y lo infatua. ¿Para qué dios o sus santos secuaces? Tú mismo te bastas. Valga yo, valga yo, clama el incauto. Y lo parte un rayo.
Saúl Yurkievich, Trampantojos, 1985.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios anónimos serán eliminados. Gracias por su comprensión.